miércoles, 30 de diciembre de 2009

ReVisión: el Peronismo ya tiene quien le escriba


Una revista que llegue a la básica. Ahí había un reclamo, y un agujero negro. ReVisión pretende restituir pinceladas de una cosmovisión propia para analizar la coyuntura y lo que viene.

Creo que la revista intenta, con humildad, rastrear algunas huellas dejadas por Línea, pero en tiempos políticos totalmente distintos, donde lo nacional ha sido profundamente redefinido por el cambio de época, y por lo que cada gobierno de esta etapa democrática dejó como legado más o menos indiscutible.

El dogmatismo es una hoguera en la cual el pensamiento peronista también tiene los riesgos de consumirse, y en ese trance es que nos interrogamos por lo nacional aquí y ahora, cuando la idea de Pueblo ya no es lo que supo ser, porque es un magma desfondado, multiforme y al que hay que encontrarle con mucha lucidez sus susurros y gritos políticos, cuando la política ya no es moda, como en los setenta.

La demanda que este primer número decembrino de ReVisión ha tenido entre la dirigencia y militancia justicialista me hace pensar que, efectivamente, una revista con estas características era necesaria.

De mi parte, agradecer a Diego Lovera, director de la publicación, por la convocatoria a participar de este proyecto, que más allá de los devaneos de la coyuntura, busca revitalizar el debate sobre cuestiones que el peronismo ha postergado durante varios años.

Creo que la blogósfera peronista ha hecho punta en esta revitalización con una producción crítica que no se aprecia en las publicaciones en soporte papel. ReVisión ha comprendido este fenómeno, y agradecemos que el mundo de los blogs esté representado en la revista. La revista que ya leyeron el Negro Hugo, Gioja, Tomada, los barones del conurbano, Néstor, Cristina, y siguen las firmas.

El Consejo Editorial de ReVisión lo integran: Eduardo Rosa, Omar Plaini, Cristina Álvarez Rodríguez, Jorge Rachid, Enrique Oliva, Carlos Barbeito, Santiago Martorelli, Hugo Barcia, Pablo Vázquez y Eduardo Toniolli.

 Dossier de Artículos:

 Editorial, por Diego Lovera.

Bicentenario: Democracia, Justicia y Unidad Continental, por Julio Fernández Baraibar.

La Chantocracia Ilustrada, por Jorge Rachid.

El 17 de octubre del siglo XXI. La lucha por una comunicación democrática y nacional, por Hugo Barcia.

Una Cosa que empieza con P. El movimiento obrero y la trama política del territorio, por Luciano Chiconi.

Cambio de Foco. Economía social y proyecto nacional, por Enrique Martínez.

Más Estado: El debate sobre la Inseguridad, por Diego Lovera.

La Llave de la Cuestión Nacional, por Federico Bernal.

Como lo Previó Perón. La causa estructural de la crisis del poder norteamericano, por Marcelo Gullo.

La Revolución de las Orillas, por José María Rosa.

El Poder de la Representación, por Santiago Martorelli.

Peronismo y Reformismo en la Universidad. Dos modelos enfrentados en el debate universitario, por Aritz Recalde.

 

Y que terminemos bien el año, qué joder.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Putas (II)



Un minuto de silencio, para el abolicionismo de la prostitución que está muerto. Hubo un posteo francotirador que buscó desnudar las hipocresías del elitismo discursivo feminista sobre la cuestión social de la prostitución. Hubo respuestas indignadas, y aceptables. Hubo (ahora lo puedo decir) de mi parte un mail a Las/12 para debatir, que nunca fue contestado. Hubo una tira de comentarios lúcida que me hizo pensar que el estilete fue metido con justeza porque la cerrazón feminista dejaba un océano de cuestiones sin contemplar. Entre ellas, la de las chicas que intercambian polvos por dinero sin estar urgidas por ningún apremio material.

Pero ahora Las/12 se redime con una excelsa crónica minimalista sobre la vida cotidiana de las escorts, que por fin hace audible la voz de las chicas que no responden al arquetipo trágico de “la puta humillada” construido por el feminismo de barricada como único paradigma posible, y funcional a la condena abolicionista. Barricadas estratégicamente colocadas en las esquinas de Puán y Pedro Goyena, o en las de Junín y Marcelo T. de Alvear.

Si el testimonio de “las putas de lujo” no se hace audible en el debate de la prostitución, es precisamente porque la narrativa clasista  y estigmatizante de la academia feminista las excluyó arteramente: la puta fina no es pobre, no es iletrada, no proviene de “los pueblos originarios” (uff…) y no está en “un infierno” del que pide salir. Si no se ajustan al canon lucrativo de la biblioteca, ¿por qué habrá la barricada feminista de preocuparse por los pensamientos, sentimientos y tribulaciones de estas putas blancas que no piden ser salvadas en ningún seminario apócrifamente justiciero?

En la ingravidez del dormitorio silencioso, la puta blanca está tan sola como la negra, contiene el aliento y espera que del otro lado de la calle haya menos estigma que comprensión.

La crónica de Las/12 es la tardía aceptación de un verismo acantonado en las ciudades, insoslayable. Para la teoría feminista, se trata de la dolorosa asimilación de su propio estallido argumental, el abolicionismo devenido ruina retórica: ya no es posible aderezar la ensalada tragicista que sazona con impunidad trata de personas, represión al cliente, explotación sexual, proxenetismo, coacción y maltrato como núcleo duro explicatorio de la prostitución. Muchachas feministas en flor, dejen que sus nucas sean acariciadas por el sol del atardecer.

Dejen, muchachas, que estas putas blancas les cuenten esa silvestre decisión de optar por una putez  de las convicciones.

Escuchen, con amor, como la puta blanca se caga en la conciencia de género, así como el obrero lúcido se caga en la conciencia de clase.

Presumo que la matriz analítica de las sub-ramas del pensamiento progresista está en abierta contravención con la lógica que las relaciones sociales asumen (y cada vez más) en las tibiezas del agua capitalista.

Para que el progresismo cultural vuelva a ser respetado, debe matar su buena conciencia. Como bastión de un pensamiento moderno fenecido, debiera revisar hasta el hueso el epicentro político de los discursos sobre injusticia y sometimiento (la opresión no es lo que solía ser), porque las interpretaciones vigentes atrasan y se desvinculan de los ¿nuevos? comportamientos que naturalizan situaciones que el pensamiento progresista sigue viendo como impugnables, en contra de toda facticidad.

En el caso de las escorts (en realidad un complejo universo que va desde la flaca de un privado que cobra 150 mangos hasta la vedette que cobra en dólares y con clientela vip, pasando por las universitarias –podría ser su hija, señor- y las bailarinas), se niega y desvaloriza lo que ellas dicen de sí mismas. “...Siempre fui ambiciosa. (…) Un día busqué en los avisos del diario. Decía ‘trabajo cómodo, tanta plata, buena presencia’. Llamé y corté, hasta que me animé. La voz de una señora dijo ‘te tengo que ver’. Era en Boedo. Ella atendía el teléfono y el marido era taxista. Al principio sentía curiosidad. No ganaba tanto. Seguí estudiando. Alguien me contó que en una agencia podía hacer más. Así fue. Después, pasé a un privado. Eramos dos chicas, perro y gato. Las relaciones son difíciles. Publiqué en la web, me independicé.”  Ojo, porque la señora que atiende el teléfono y el tachero son sectores populares a full, y la chica está lejos de verlos como “diabólicos fiolos”. Es más, lo que se narra ahí es una iniciación y ascenso laboral en busca del progreso económico. La escort se independiza (como pedía Simone de Beauvoir) del mismo modo que cualquier mujer en otro empleo.

El problema de la puesta en juego del cuerpo femenino como explotación y opresión desvela a la socióloga que no ha pasado por ese trance, pero no a la puta voluntaria que ve la cosa como gajes del oficio. “Si no tengo ganas, no puedo poner cara de culo. El cuerpo humano es una máquina, te acostumbrás”. La mecanicidad de la fricción corporal no es exclusivo patrimonio de la prostitución, y marca tendencia en las escenas estancadas de la vida conyugal: novias y esposas pueden ser putas descalcificadas, sin la motivación seca del bienestar ecónomico. La Severine de Belle de Jour es algo más que la metáfora de la represión inconsciente de la mujer burguesa: es realismo puro y duro en la urbe tardocapitalista, sólo que a la cosmovisión progre-feminista le cuesta asumirlo porque varios se quedarían sin laburo.

¿Qué es para una escort de luxe estar “en situación de prostitución”? Nadie niega que la putez es un sendero con espinas, que dificulta la vida amorosa y familiar, pero estas chicas no van a dejar todo para proletarizarse en un “empleo digno” por un salario de miedo, cuando haciendo petes a desgano levantan en un día más que lo que mujeres concientizadas ganan en un mes. No hay nada más perverso que el sacrificio para una fe altruista, si con ello queda interdicto el deseo.

Lo insoportable para la academia es que las putas blancas se den el lujo de comparar con escandalosa parsimonia su trabajo con otros. “Quiero terminar de pagar el auto, comprar un departamento. Después una Toyota SW4. Mirá”. La foto de la camioneta es su tapiz de celular. “Abro el teléfono y me recuerda no gastar. Sé que no la ganaría en otra cosa. A veces te toca alguien que no te gusta. Le pongo onda. Peor el pico y la pala.”

Lo insoportable es que sean parte del Pueblo capitalista que quiere consumir y progresar, y no del pueblo político de las oprimidas en lucha.

 “-Hay quienes piensan que la prostitución es una clase de opresión.

–Lo escuché, no me siento víctima. Sé que hay chicas explotadas y me preocupa, pero es otro rollo, mafias y delincuentes. Lo mío es independiente. Lo elijo. Si volviera a nacer lo elegiría otra vez. Lo único que no volvería a hacer es trabajar en el shopping.”

Las escorts son pibas kirchneristas que no tienen el póster de la Lubertino en el dormitorio.

 La exaltación de la escena prostibularia como ilegal, delictiva y opresiva que hace el feminismo clasista y combativo lo une al resto del establishment intelectual, con el que comparte el reproche estigmatizador hacia las putas (las negras y las blancas), construyendo el rendidor mito del infierno. “Ojo: este laburo no tiene el dramatismo que pintan las películas, es tranqui, sobre todo de día.”

Lo insoportable es que estas mujeres instruidas digan que sus clientes no son una sucesión de golpeadores, y que hagan patria al anular a los 840. Las chicas piden el blanqueo existencial: obra social, monotributo, tarjeta de crédito. Desde la paraguayita que hace bucales sin por 15 pesos en Santiago del Estero y Pavón hasta la universitaria de colegio inglés que tiene su depto autónomo en Santa Fe y Scalabrini Ortiz, piden laburar en paz. Piden Estado. Piden visibilidad, porque la dignidad ya la tienen.

lunes, 21 de diciembre de 2009

El Tema de la Minería

En la tribuna política esperamos con ansiedad el duelo Gioja-Solanas. Si los dos van a fondo, se puede tratar de un debate político a memorar, a la altura de un Saadi-Caputo, Rucci-Tosco o Romano-Asís.

El tema de la minería ha sido tomado como objeto de culto discursivo de moda por sectores académicos y políticos antes que otras producciones de la economía. La elección se origine quizás en las tentadoras relaciones que la minería tiene con el medio ambiente, la explotación inclemente de la fuerza de trabajo, el capital extranjero y la corrupción política. Aristas que en esta industria se verían más dramáticamente desnudadas que en otras, como se deduce de una frenética y reiterada lectura de Las Venas Abiertas de América Latina. Es quizás esta obra insignia del pensamiento revolucionarista palermitano lo que motive el bienaventurado revival del drama minero.

En estos días vimos otro revival antológico: el de un Telenoche Investiga con añoranzas noventistas, expectorando un lánguido brío denuncista a tres bandas: veto de la ley de glaciares-negociado de la Barrick-corrupción giojista. Todo ello en nombre del salmo ecológico que se disemina en el confort retórico de las covachas académicas, periodísticas y políticas. Un Telenoche antiimperialista que audita los negocios del capital foráneo, y que recuerda los golden times de Telenoche operando como brazo periodístico del Frepaso (¿o el Frepaso era el brazo político de los medios?). Jornadas antípolíticas a toda pompa que la clase media con mayor compromiso político coronaba con festejos estentóreos ante el televisor ante cada caso de corrupción menemista: el régimen neoliberal caería a base de denuncias penales, ese era el anhelo al que instigaba el libro de auto-ayuda frepasista. (Deborah De Corral entrevistaba a Chacho en El Rayo varias veces al mes).

Ayer eran Chacho, Graciela y Aníbal los que testimoniaban ante la cámara telenochesca; hoy son Solanas, Bonasso y Giustiniani los que narran el drama minero de Pascua Lama. The song remains the same.

Hay una distorsión entre el elocuente daño ambiental y las representaciones concretas de la protección del medio ambiente. Desde Greenpeace a Al Gore, pasando por un infinito emporio de fundaciones, asociaciones y clubes de fans, lo que se ve es una gran industria ecologista (del espectáculo, diría Guy Debord) de creciente rentabilidad, construida humanitariamente mediante donaciones, subsidios, mecenazgos, lobbies y estrategias de marketing publicitario que necesitan ser sostenidas y apuntaladas con algunos excesos trágicos, un poquito de terrorismo que mantenga abiertas las canillas y receptivas a las audiencias.

Aclaro: no es que el daño ambiental no se produzca ni sea progresivo (por algo Estados Unidos no firma el Protocolo de Kyoto), sino que hay que verificar magnitudes, para que no haya en el mundo tantos boludos que hagan donaciones telefónicas para pagar los sueldos de la planta de personal de Greenpeace y financien la película de Al Gore. ¿O no?

El tema de la minería se nutre parcialmente de esa impronta, y de un punto en donde la cosa se hace terriblemente imprecisa, empieza la guerra de hinchadas “contamina”–“no contamina”, las documentaciones respaldatorias se derriten, y todo entra en un limbo del cual luego es difícil salir. Ya lo apreciamos con el carnavalesco asambleísmo de Gualeguaychú: los uruguayos tenían la posta.

El ecologismo no tiene discursividades eficaces para integrar alternativas que respondan a las necesidades de producción y desarrollo en un capitalismo cada vez más concentrado, que debe dar empleo y consumo a sus poblaciones más allá de la codicia expoliadora de las corporaciones.

San Juan es una provincia pobre que no puede sustentar una autonomía financiera-política al carecer de una actividad económica propia. Y desde la dictadura del ´76 para acá, las provincias tienen que arreglarse como puedan, y con lo que el Estado nacional les tira. Nadie te cuida el culo de la gobernabilidad, y contar con utilidades adicionales es para un gobernador marcar la diferencia. Sólo hay que ver como las regalías petroleras le dieron viabilidad a la ecuación fiscal de los gobiernos de Neuquén, Chubut y Santa Cruz. Gioja es expeditivo: ¿con que reemplazamos los 45.000 puestos de trabajo que da la minería? Solanas vive en Buenos Aires.

El debate Gioja-Solanas podría ventilar todas las facetas de esta actividad económica, pros y contras, la inermidad a las que están condenas las provincias que cedieron recaudación genuina en sucesivos pactos fiscales con Menem, y que no recuperaron leyes impositivas de devolución de parte del Estado nacional. Solanas podría explayarse sobre la controversia del daño ambiental, y hablar de la minería como actividad que impacta en toda la comunidad sanjuanina y no tanto como exclusivo negocio superestructural (que como que los hay, los hay, no es nada nuevo).

Lo que entusiasma es que Gioja no se esconde, no se mete en un coche con vidrios polarizados cuando le hablan de la Barrick. Me parece que Gioja tiene muchas cosas para decir, aunque en la mesa de TN parta como el gaucho malo; campechano, te dice: si tenés dudas, vení a ver. Vení a ver, Pino.

(Últimamente, de Solanas me resulta curiosa una paradoja que lo atraviesa: que asume todas y cada una de las representaciones de una gestualidad progresista que deploró en Chacho Alvarez, y por la cual se fue del Frente Grande en 1994).

Si se desciende al fango de los números, los estudios de factibilidad e impacto ambiental, los tecnicismos minerales, yo espero que no pase lo perturbador. Espero que Solanas no tome atajos, que no transforme la discusión sobre una industria en un tratado sobre moral y derecho sobre los Gioja: eso que tan bien vende en las audiencias electorales que hay que fogonear para sostener el caudal del 25%. La tentación es grande.

Yo quiero que si Solanas es presidente, pueda pisar San Juan.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Uribe


Ayer veía como el tipo remachaba su discurso con el tintineo de “Estado, autoridad, democracia, liderazgo, Orden” y lo más interesante era contraponerlo con las canciones del corazón que familiarizan al resto de los presidentes de la región. Uribe es una mosca en la sopa que te tira en la cara el problema nacional: yo tengo una guerrilla comercial que todos ustedes no tienen. 

Desde ya, esa causa nacional da lugar al exceso acuerdista con Estados Unidos, y a daños colaterales en la represión interna que Uribe se cuida mucho de explicar como algo más que la lucha contra el terrorismo.

Pero escuchar a Uribe sirve para ver como un Estado interviene en cuestiones menos consensuales y plácidas que la distribución del ingreso. El Estado interviniendo en la defensa nacional y la seguridad pública es menos aceptable por las almas bellas que pueblan la parte menos fértil de la política, y ahí es cuando un discurso como el de Álvaro Uribe genera molestias. Pero también deberíamos agradecer que el resto de los países de la región no tengan sus respectivas FARCs, porque habría que ver que decisiones tomarían esos presidentes.

Esa expansión progresiva de la función militar del Estado durante la gestión de Uribe, buscando combatir a la guerrilla y el narcotráfico y raleando a los paramilitares, es un modo (poco seductor, por cierto) de intervención estatal sobre el territorio que antes no le pertenecía, y las poblaciones que viven en él. Y yo creo que las sociedades prefieren al Estado malo antes que la falta de reglas. En los años más esplendorosos de la productividad guerrillera y narcotráfica, hasta el 40% del territorio de Colombia llegó a estar fuera del control estatal. Con Uribe se redujo a menos del veinte dentro de una estrategia de represión institucional, un Estado “en blanco”, ganando territorio a base de treguas y palos pacientemente alternados. Cuando Uribe legitima una planificación represiva y de seguridad pública urbana a cargo del Estado democrático a través de un discurso político dirigido a toda la sociedad, comienza a entablar (y ganar) una batalla cultural contra la herrumbrada retórica de la guerrilla, que es inexorable. Uribe va a completar sus primeros ocho años de gobierno con un consenso popular sólido que lo encaminan a un tercer período en trámite constitucional. Lo pide la gente. Los largos dramas de la violencia se resisten a la ideologización, y por eso Violeta Chamorro ganó en Nicaragua en 1990. Por pulsiones populares análogas, Perón refrendó el Navarrazo de 1974. Por eso resultan incomprensibles las declaraciones de amor de Chávez a las FARC.

De lo que no habló Uribe, ni preguntó Filmus, es sobre todo aquello que queda tapado por el drama terrorista. Todo aquello que el Estado es en sus otras facetas, y que parece ser la gelatina de la gestión. Desempleo, recesión, consumo. Uribe no es neoliberal.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Semillas bajo el Pavimento


El título parafrasea aquella metáfora con la que Oscar Landi explicaba, en los días invernales de 1988, qué era lo que la Renovación no había visto en la figura de Menem, qué representaciones escaparon a la percepción de una época. Eran las tensiones que una victoria cultural no había resuelto, aun consolidada como lógica del justicialismo. Esa tensión persiste en lo que el peronismo desdeña. Obedece también el título a la frase “nosotros somos los silvestres, crecemos a la vera del camino”, dicha hoy, y que insinúa la benignidad de una tensión que está en los orígenes.

Los amigos de la Revista Zoom me pidieron una mirada del peronismo que viene en estos dos años,  acaso sin percatarse de que es fin de año y la neurona cruje. En un tenaz tour de force alcanzaron a salir algunas reflexiones que terminaron escritas en un artículo sobre los claroscuros del porvenir peronista. No espero que guste, sino que le sirva a alguien para pensar, si es que sirve.

Zoom es una revista con un rasgo que otras revistas políticas no pueden ostentar: siempre tiene algo para leer. Nuestro amigo Adrián D´ Amore escribió una muy buena nota sobre el kirchnerismo y la ley de la gravedad. Y Fernando Di Pasquale hace una  necesaria semblanza de su padre Jorge, un cacho de  historia del sindicalismo peronista.

Mientras tanto, Croqueta Digital sigue con la ciclópea tarea de digitalización de documentos claves para el análisis de distintas épocas del peronismo y del país. Ahora le toca a Envido. Por ahí pedimos mucho, pero si el amigo Javier logra subir a internet los textos medulares de Controversia, yo empiezo a juntar la guita para el monumento.

 “La épica binaria (gobierno-corporaciones, izquierda-derecha, progresismo-neoliberalismo) ha demostrado conmover muy poco al grueso social. Una agenda con las preocupaciones más urgentes (inseguridad, empleo, poder adquisitivo e inflación, calidad de los servicios públicos, entre otras) aparece como un camino posible para un justicialismo que no cuenta con un candidato ganador para 2011.”

 La nota completa, en Revista Zoom

martes, 8 de diciembre de 2009


Son muchas las estaciones nocturnas en las que reposan aquellas cosas que debieran haber sido. Lo que socialmente no pueda contarse dentro del acervo kirchnerista remitirá a una sacra y plácida (persistente) nostalgia menemista, aquellos buenos y viejos tiempos son parte de una memoria de andenes, bares y colas para pagar el saldo de la tarjeta de crédito. Es así. Está bien que sea así. Es la realidad efectiva. Quién herede y vea, verá la luz.

En estos ocho años de ininterrupción peronista, creció un cancionero de quienes se proclaman a la izquierda de la realidad política (sectores políticos que se preparan para asistir a sus propios velatorios perennes) exigiendo una supuesta reforma progresiva del sistema tributario nacional. Coincidirían, estos grupos políticos, en la imperatividad de estas reformas estructurales.

El voluntarismo suele llevarse malamente con el Estado en ejecución. Suelen ser, también, senderos que no se cruzan.

Se dice en claustros, institutos y fundaciones de estudios económicos, que el gobierno debió haber promovido esta ansiada reforma tributaria. Citarán profusas estadísticas que documentarán la regresividad del sistema, harán la trillada comparación con los países de la OCDE sobre presión tributaria (un clásico), recitarán a coro la injusticia del esquema basado en impuestos indirectos. Un frondoso repertoir con el que Zlotogwiazda fatigó redacciones y estudios de tevé hasta el hartazgo desde los días aciagos en los que Menem se comía dos hiperinflaciones después de casi dos años de gobierno y antes del Orden impuesto por la Convertibilidad.

La economía argentina no estuvo nunca en estos ocho años en condiciones de promover una reforma progresiva de impuestos. Es más, hacerlo hubiera provocado más problemas que soluciones, porque todo esto impacta en el esquema de producción y el consumo de modo directo, y en la capacidad real del Estado para gestionar los recursos. Quiénes dicen que la reforma impositiva era viable, mienten o tienen buenas intenciones.

La economía argentina tiene que cambiar muchas cosas antes de tomar medidas progresivas en los gravámenes; porque la progresividad afecta no sólo a los que  degennaristamente se les llaman  los cuatro vivos que manejan el país”, sino a un complejo y amplio entramado productivo, cuentapropista y asalariado que verificará el impacto de las medidas en su bolsillo, y no del modo más festivo.

A cualquier reforma de estas características le precede un largo tiempo de paciente blanqueo laboral que todavía está lejos de consumarse, y que debe hacerse en las condiciones tributarias existentes. Meter mano en el impuesto a las Ganancias Personales con un mercado laboral precario y ennegrecido es prender la mecha en la santabárbara, y yo no creo que Tomada quiera tener más laburo del que tiene (y que muy bien hace). Los que plantean alegremente la “progresividad o muerte” deben tener un desconocimiento rampante del panorama de ingresos de la sociedad.

Dentro del derrame todo, fuera de él, nada. Así lo entiende correctamente el gobierno nacional, bajo fragua de otro peronismo: el menemista. Néstor y Cristina realizaron el derrame, sólo llamado “redistribución del ingreso” por confusión, o acaso, delicadeza.

Que una reforma tributaria sea acogida en las puertas del cielo social está directamente relacionado con una bonanza del poder adquisitivo corroído. Y los días proto-navideños confirman (el índice del supermercado según el Hugo) que lo gradualmente persistente y progresivo es la inflación, ese detalle gris que pone de mal humor al Pueblo. En aquella coyuntura hiperinflacionaria (que hoy está soterrada, salvo que Cobos no siga las instrucciones de Duhalde:-), Menem comprendió cómo era que debía construirse la base tributaria para el superávit fiscal. Por eso ningún gobierno posterior tocó los tributos: el IVA es el bastión del modelo kirchnerista, y por eso los Kirchner fomentaron el consumo popular. Es muy difícil imaginar a los que pregonan la progresividad impositiva haciéndose cargo estatalmente de las consecuencias que esa medida provocaría hoy. Blanqueo y asistencia por largos años, con eso alcanza por ahora.

Pero para eso hoy se verifica un problema que está en el Estado, y que el economista Jorge Gaggero explica con claridad: “el reciente retroceso en el curso de avance de la consolidación y profesionalización de la administración tributaria nacional (AFIP) posterior a la crisis de 2001-02, expresado en la discontinuidad de sus conducciones y de las estructuras de cuadros superiores de gestión”.

Pero como Gaggero tiene sus propias ideas políticas, omite que el fortalecimiento de la administración tributaria es largamente anterior al post-2001: fue el peronismo menemista el que ordenó y dotó de cuadros técnicos al proceso de recaudación impositiva del Estado Nacional, haciendo eficaz la administración tributaria para atacar la evasión, presupuestos básicos antes de cualquier reforma estructural del sistema, y más en países latinoamericanos con bajo PBI per cápita. Precisamente, es este aspecto básico de la gestión estatal el que está fallando ahora, y que con tanta sangre construyó el Estado menemista. Es evidente que la “politización” de ciertas áreas de administración económica que no la necesitan, tiende a desviar los objetivos. La épica es combatir la evasión y profesionalizar aún más al Estado en rol recaudatorio. La progresividad será para quienes gobiernen dentro de diez años.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Frutas Robadas en las Verdulerías de Wilde



Lo insufrible es escuchar a nuestras clases medias y a sectores populares identificarse con  el sufrimiento de los ricos y famosos

 Ricardo Forster. Filósofo. Votante de Carrió en las presidenciales de 2003.

Me lo imagino a Ricky escribiendo “insufrible”, haciendo patria detrás del teclado, lejos de la cotidianeidad conurbana, y por lo tanto subestimando la temperatura que marca el termómetro en las calles sin nombre.

Los pibes están jugadísimos porque todavía no les llegaron los ecos de la movilidad social ascendente, y sólo esperan saber cual es el primero de la pandilla en morir. El pendejo que te chorea y te caga de un tiro en la cabeza a través del parabrisas sigue siendo un pibe después de ese evento, no se transforma en un adulto porque mató.

La escena sería mas o menos así: al tipo que laburó doce horas y se toma El Halcón en Constitución para volver a Solano, cuando baja del bondi en el barrio, lo afanan. Digo, lo están afanando seguido, ponéle dos veces en un mes.  Los pibes salen a comprar de caño como sucedáneo del empleo estable, porque algún sentido a una vida disuelta hay que darle: ponéle el pibe que le dio a Capristo en Valentín Alsina, o el que le dio a Renata Toscano en Wilde, no se la estaban dando a estereotipados garcas residentes en lujosos countries e ideológicamente fascistas confesos y fervientes (que aparentemente merecerían pagar con la vida por los injustos beneficios que obtienen del sistema capitalista ¿lo qué?) como reza el decálogo progresista (hipócrita hasta la médula) que se suele recitar ante la inseguridad.

Resulta que el tipo que baja de El Halcón en Solano se está hinchando las pelotas de que lo afanen: no es de clase media ni facho, pero está pidiendo por mayor seguridad. ¿Va a venir papá Forster a decirle que está equivocado en su reclamo, que está alienado y entonces papá Forster (que votó a Carrió en 2003) lo va a dotar de la conciencia política necesaria para que no se queje al pedo, para que no le haga el juego a la derecha?

Me parece penoso que Forster entienda que los sectores populares que piden por seguridad lo hacen por descerebrado seguidismo de lo que dicen Tinelli o Legrand: hay en esta lectura clasista una subestimación y un menosprecio por el pueblo y un desdén por los padecimientos concretos de mucha gente que puede acreditar que la inseguridad no es una “sensación de”.

El progresismo cultural se hace mucho la pajota con la “conspiración mediática” para negar ciertas realidades, asume que lo de la inseguridad es más una sensación que otra cosa, y entonces le da poca bola a una cuestión jodida, y le deja el camino libre al manodurismo. A Patti no lo vota la derecha, lo votan los pobres.

En las movilizaciones ante la comisaría de Wilde hubo de todo: algunos pedían paredón, otros meter bala, otros acusaban a la policía, naturalmente hubo infiltración y oportunismo político (como en toda democracia real), pero lo que hay que leer cualitativamente es que se trató de un reclamo genuino por mayor seguridad que el Estado no puede minimizar ni desatender.

El gobernante tiene que encontrar la sintonía fina del conflicto, no puede exigirle a la sociedad una coherencia política que legitime la protesta, para recién ahí aceptar encontrar soluciones.

¿Se puede decir seriamente que Renata Toscano era el escorzo del clasemediero facho que se caga en los negros? ¿Todos los fiambres del robo violento seguido de muerte merecen la indiferencia del pueblo político por ser parte de una aristocracia privilegiada que disfruta de sus riquezas a costa del pueblo oprimido? Porque aunque no lo expresen con esta crudeza, es eso lo que se piensa por izquierda y progresistamente cuando se habla de inseguridad. Lo peor es que de ese modo piensan sólo Forster y aquellos inefables seres que leen páginadoce como si fuera la fuente de toda razón y verdad. Al velorio del Malevo Ferreyra no fue la derecha, fueron los pobres.

Políticamente, el tema de la inseguridad no conviene abordarlo con prisma clasista, porque se caldean los ánimos allí donde se requieren aguas serenas. Mi impresión es que “el esclarecido progre” coloca clasismo redentorio  en representación” de un bajo pueblo que no lo está reclamando; más palpable  es que parte de la clase media invoca un clasismo anti-negro y recalcitrante en estas circunstancias.

Pero el hombre político, el que gobierna, tiene que ponerse por encima de su verdad política íntima  y tomar las decisiones que mitiguen el reclamo y a la vez no perder poder político. Porque predicar verdades sin poder… bueno, ya sabemos.

Cuando Stornelli dice que en la concentración de Wilde hubo infiltrados que fogonearon el clima y pretenden desestabilizar a Scioli, la caga. Porque aunque tenga razón, coloca política allí donde los manifestantes piden la no politización del reclamo, y no se da una respuesta concreta, encrespando más la situación (yo digo que los políticos argentinos van a tener que acostumbrarse a hacer política después del menemismo. Pero para eso hay que entender al menemismo. Es mucho, pero mucho más difícil hacer política ahora que en los ´70.); Stornelli debió analizar la “costura política” del episodio Wilde en una reunión cerrada con Scioli y Ferraresi y luego salir a declara con más astucia, porque a la mayoría de la gente que asistió a la convocatoria le chupa un huevo que le digan que hay agitadores del Pro; es más, van a pensar que se les está deslegitimando la protesta.

Para comprender aun más las complejas aristas del reclamo por inseguridad y el caso Wilde hay que alejarse de los preconceptos y evitar las provocaciones del clasismo racista de algunos, porque en la contienda ideológica, gana el manodurismo.

No es casual que los manifestantes de Wilde hayan puteado y echado a Blumberg, un tipo que al no poder reconducir políticamente su dolor personal, terminó adoptando las teorías manoduristas más rancias, que demostraron su total ineficacia para combatir el delito.

El raje de Blumberg  documenta que la gente de Wilde no es una homogénea jauría de fachos manipulados por el lamentable rabino Bergman y a repudiar de antemano (como haría el inexperto Forster), y que se puede maniobrar políticamente sin tensar el conflicto.

A esto se suma que los familirares de Renata Toscano pidieron justicia y no pena de muerte, y que nadie hiciera un uso político del asesinato: no pidieron la renuncia de Cristina, ni la creación de unas SS vernáculas, o tirar la bomba atómica en la villa Azul.

Yo sé que muchos progres buscan la excelencia moral, y entonces querrían que todos los familiares de los muertos por inseguridad reaccionasen como los padres de Mariano Wittis: que se apiaden más del chorro víctima del sistema que de llorar al hijo muerto, que todos cantemos Heal the World y salgamos a pedir el cambio de estructuras sociales y la redistribución del ingreso tocando intereses corporativos para que no haya más inseguridad ni pobreza. Un sueño progre que sería excelente material para una novela de Aira, pero que tiene poco que ver con las pasiones de la condición humana, que suelen ser saludablemente más sórdidas.

Pensar que la mujer separada que se puso un almacén en el barrio para subsistir y mantener a la hija ante el raje del marido y que fue asaltada seis veces en  tres meses, está pidiendo seguridad porque “se identifica” con lo que dijo Tinelli es desconocer gravemente por donde pasan varias de las preocupaciones de los sectores populares. Esta creencia errada tiene su correlato en la respuesta política que ensaya D´Elía para contestarle a Tinelli, sin comprender que juega de visitante y que esa disputa no es central, ni conmueve a la sociedad. Acá también hay una subestimación de la opinión popular: en realidad, lo que dice Tinelli no es lo mismo que siente la gente de Wilde. Pero D´Elía, intoxicado de progresismo, piensa que sí, y la caga.

Porque Tinelli tampoco comprende ni le interesa la diaria de la gente, está muy lejos de todo, es el típico forro con guita que está cagado porque tiene miedo que se la den, miedo a que un pibito que labura de chorro lo sodomice: porque decir “no se puede vivir”, “nos van a matar a todos” o “esto ya es Colombia” es desconocer olímpicamente la justa dimensión del problema de la inseguridad en el área metropolitana.

Argentina tiene un problema de inseguridad que debe atender sin demora, pero estamos lejos de ser Colombia, Brasil o México. Andáte unas semanitas a esos países y volvés corriendo a la Argentina: el Conurbano es el paraíso, comparado con Río, el DF o Managua (sí, el sandinismo te sugiere que después de las ocho de la noche no salgas a la calle). No nos confundamos, Tinelli y Renata Toscano no juega en el mismo equipo, ni la progresía junto a los pobres de la tierra juegan en otro. A De Narváez no lo votó la derecha, lo votaron los pobres.

El problema de la inseguridad no es grave, pero es significativo porque pone en crisis un principio básico de la comunidad que nos queda: el de un Orden estatal que es reclamado transversalmente por capas medias y bajas. Un reclamo “nudo” diría el tano Agamben, hecho desde lo corporal. Si la inseguridad empeora, puede tener sobre los cuerpos asalariados y cuentapropistas el mismo efecto que tuvo la hiperinflación. Yo creo que estaría bueno empezar a discutir la sindicalización de la yuta.

jueves, 19 de noviembre de 2009

2009 - 2011


La saga "Los Guardianes de Mugica" continúa, sin mucha difusión mediática.

Ahora en una villa de Barracas, el Cardenal le sigue pisando la pelota en la cara a Macri.

¿Quiénes operaron, dieron quórum y prestaron los votos para aprobar la reforma política?

Dime que concepción de la organización política tienes, y te diré quién eres.




domingo, 15 de noviembre de 2009

La Frase del Día

"Si yo declaro un paro y tengo que tirarme a las vías para que se cumpla significa que no tengo el consenso de tantos."

Hugo Moyano

lunes, 9 de noviembre de 2009

Volvió una Noche

Una imperativa y alta pluma reapareció desde el fondo de los empedrados oscuros, arrastrándose por calles adyacentes y muertas, escupiendo palabras ininteligibles, pero que se ordenan una vez dichas, cuando quedan flotando en el aire, y la brisa nocturna las lleva y las desnuda bajo las luces de neón, y ahí las vemos. La Mazorca ha vuelto, y celebramos. Pasen  y vean.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Ayer veíamos con Américo del Verbo la espera nocturna en carpas, bolsas de dormir y sillas de playa. Dos y pico de la madrugada, y la pesadez climática del acampe a las puertas del nuevo cielo: la Anses de Lanús. Escenas similares se pueden constatar en varias dependencias.

Yo digo que la asignación por hijo tiene un sentido político cuando pensamos en su instrumentación, porque necesita de la movilización de recursos humanos para tener una llegada rápida y masiva al confín del núcleo duro.

Se dice que el cobro es automático. Sí, para quiénes tiene algún grado de registración en la base de datos de la seguridad social. El resto tiene que hacer la cola.

Sin embargo, y como dice Moira en el post anterior, son las madres solas las que aparecen en la primera línea de urgencia, y son ellas, generalmente, las que no pasaron por una situación de laborabilidad (sobre todo las más jóvenes), y si no son o fueron beneficiarias de algún Plan, no tienen CUIL, y no cobran la asignación automáticamente en diciembre. Tienen que hacer la cola.

Probablemente también los hijos de estas mujeres no tengan DNI, por lo que la tramitación del beneficio necesite de otra previa, que dilata los tiempos. Tienen que hacer otra cola.

También está la reacción, el comportamiento de la gente ante la información: en ciertas zonas de los conurbanos nacionales (en las villas) nadie va a ir a un cyber a leerse e imprimir el pdf de la página de Anses para verificar los requisitos. Tienen que hacer la cola.

Y si desconfiás de la precisión quirúrgica de la base de datos de la Anses, también tenés que hacer la cola.

Y si estás registrado pero después te quedaste sin laburo y no cobraste seguro de desempleo o planes y tuviste hijos, tenés que hacer la cola.

Yo digo que con la Anses no alcanza, y hay que descentralizar a los barrios, hay que armar un dispositivo humano conocedor y facilitador. Para que este derecho se realice, hay que punterearlo (en el buen sentido de la palabra, que lo tiene). Que lo puntereen los curas.

A veces hay una mirada un poco aséptica que sueña (prescindiendo de los medios realmente existentes) con el pobre extremo redimiéndose en la “ciudadanización” del trámite individual, viajando libremente en bondi a la oficina estatal en zonas céntricas, un pobre al parecer “definitivamente desclientelizado” que en un sólo y doméstico paso accede, procesa y actúa la información disponible. Como lo haríamos nosotros.

Con la Anses no alcanza, me sopla al oído Graciela Camaño, y me despierto agitado.

martes, 3 de noviembre de 2009

Universal

Por Moira Carabelli, para Desierto de Ideas

 

Cuando la presidenta anunció el jueves por la mañana el decreto de la asignación universal por hijo, sentí alivio, un poco de paz, y hasta cierto punto, alegría. Nunca pensé que una medida tomada por un gobierno me podría causar una sensación de tan silenciosa placidez, como de respeto. Porque la asignación universal por niño nos acerca a un lugar más cercano a esa lejanía que es la justicia social. De las pinturas de Daniel Santoro, las que más me gustan son las que representan la Isla de los Muertos. Porque traen la quietud a la mirada, y desdoblan la pulsión entre lo perdido y la promesa. Una oscilación tan propia de la vida, y que insufla la creencia de que algunas cosas siguen teniendo algún sentido. La esperanza nunca es una ingenuidad, mientras no se declame en su nombre. La esperanza es un acto de silencio.

Claro que no se me pasó por la cabeza, cuando Cristina anunciaba la decisión más importante en seis años de kirchnerismo, la banalidad del festejo o la agitación revanchista del cuerpo en catarsis partidaria. No se me ocurriría cerrar el puño y estallar en un “vamos, carajo”, o en un “tomen, putos”, porque en todo caso, no es dinero lo que me falta para afrontar una terapia donde desnudar mis fantasmas, miserias y frustraciones.

Me cuesta entender la razón por la cual, los mentores intelectuales y militantes históricos de esta conquista social que hoy se hace derecho, ponen su ahínco existencial en enojarse con la decisión del gobierno. Porque la asignación es universal. Punto. Es tan universal como puede ser algo cuando lo previo es nada, o muy poco. ¿Por qué se enojan tanto Elisa Carca y Claudio Lozano? El enojo cede cuando llega un poco de paz.

La asignación universal les puede cambiar la vida a muchas madres solteras o solas a las que no se les podía hablar sino con un rubor en el rostro de la movilidad social ascendente. No seguir penando tanto con los críos a cuestas es estar más cerca de la justicia social. Sufrir menos es un momento de paz. ¿Por qué enojarse, si los que van a recibir el beneficio no lo están?

La asignación es un brillo en la noche sin norte. Es encontrar cobijo para descansar un rato. A mí también me deja un sabor amargo que una madre o padre que cobra 1600 mangos en negro y tiene tres niños y su cónyuge desempleado, no pueda acceder a este respiro, porque hay mucha gente así. Pero la asignación es universal, y este gobierno tuvo la sensibilidad de aceptar que era necesario hacerlo, y apartarse de la convicción focalizadora que era genuina base del pensamiento kirchnerista. En este gesto hay grandeza, y me da lástima que no se lo pueda reconocer. ¿Qué tanta distancia habrá entre el progresismo de Lozano y Carca y el de Sabbatella y Yasky, para que unos se enojen tanto y otros saluden con candor una misma decisión, una asignación universal por hijo para trabajadores en negro y desocupados?

Y es claro, también, que cuando la presidenta anunciaba el beneficio, no se me ocurrió pensar como un Padre Político: “ya verán cuánto agradecerá, y deberá agradecer el Pueblo este regalo de Cristina y Néstor Kirchner”. Yo creo que la alegría que se puede tener por este derecho a percibir una asignación ciudadana no puede superar la que puedan tener las personas que van a recibir este beneficio. Y creo que no va a haber gritos exultantes de felicidad en la cola de inscripción al beneficio en Anses, y en las parroquias de barrio; tampoco cantarán la marchita, para desilusión de muchos peronistas. Habrá silencio, alivio, espera, calma, Paz.

Cristina dijo en su discurso la palabra: reparación. A este gran país le espera un largo camino de reparaciones, diminutos pedidos de perdón cotidianos al pueblo. Esta medida es eso. El kirchnerismo tiene mucho que ver en ello. El Pueblo no tiene que agradecer nada.

Cuando yo votaba por primera vez en mi vida, hace dos años, los seres más allegados me sugerían optar por un progresismo más verdadero, más limpio de ideas, como el que ellos supieron cultivar por décadas (y yo también, aunque siempre quise ver un progresismo real, y no uno charlado en reposeras estivales junto al mar).

Voté a Cristina, sabiendo que votaba al peronismo que venía haciendo el progresismo real, uno de hechos, uno que se podía luego, contar a alguien, y decirle: el progresismo es esto, te deja la ropa sucia, es contradictorio, es excesivo, es impresentable, es corrupto, es político, es conflictivo, es hegemónico, es improvisador, es hacedor.

El kirchnerismo es reparatorio. No hay vuelta atrás.

viernes, 30 de octubre de 2009

¿Breves? Notas sobre el Peronismo Lomense

La flamante renuncia del intendente Jorge Rossi coloca efímeramente y en sede mediática a la política lomense. Como lo que leí en diarios y blogs no sobrepasó el análisis liviano, un tanto difuso y con algunas omisiones, acá van algunas notitas al paso.

El peronismo lomense adolece desde la muerte de Juan Bruno Tavano (más bien desde los últimos años de su segundo mandato) de una mínima capacidad de conducción para admnistrar los férreos internismos que han dominado la lógica de la política local.

Lomas no ha tenido un Mussi, un Curto o un Othacehé que garanticen pisos altos de gobernabilidad y fuerte capacidad de encuadramiento de la tropa. En municipios de compleja viabilidad como Lomas o Lanús, ambos factores devienen claves para sostener un caudal de poder político razonable que no haga naufragar el barco: no hay que constatar sino los índices presupuestarios que afrontan los municipios del conurbano como para entender que siempre se está más cerca de Devoto que de la Gloria.

Traducción: además de gestión necesitás un Concejo Deliberante fuerte porque si la mayoría legislativa se pone en riesgo, entrás en una crisis política que no se contrarresta con una buena gestión.

(Después se quejan porque Othacehé disuade internismos con poca diplomacia. El Vasco lee una página de El Príncipe cada noche antes de dormir.)

Durante el gobierno del Frepaso (1999-2001) se produce el colapso económico-fiscal del distrito. En el plano electoral, se instrumentan las colectoras, que profundizan el internismo y la fragmentación del peronismo local a favor de un mayor fraccionamiento de votos para el cuerpo de la boleta de los candidatos nacionales. La coalición parlamentaria conducida por el peronismo que se hace cargo del muerto frepasista (2001-2003) sanea parcialmente las cuentas municipales y devuelve pisos de gobernabilidad aceptables.

Cuando Rossi asume en 2003 (con el 40% de los votos) se completa el ordenamiento básico de la ecuación  fiscal, tan sólo para que el municipio vuelva a ser gobernado con cierta normalidad: en ningún caso estamos hablando de una “gran gestión”, sino de restituir los servicios municipales que el Frepaso había dejado de prestar.

Un dato soslayado en todos los análisis que leí: hasta el momento de su candidatura, Rossi no venía tallando en la política diaria lomense en forma directa (como sí lo venían haciendo el Chino Navarro, Mércuri, Marcela Bianchi o Pablo Paladino), lo cual refuerza la falta de conducción del peronismo local.

La interna Rossi-María Elena de 2003 reafirma lo etéreo de las figuras y la ausencia de un político con peso y juego propios en el distrito.  En este sentido, Rossi no fue la excepción: la estrategia política del intendente erró por varios costados (por ejemplo, jugar con Duhalde en 2005 cuando lo que se necesitaba era fortalecer el poder político municipal, como hicieron otros intendentes que leyeron bien el contexto y jugaron con Kirchner), y el festival de las colectoras de 2007 y 2009 terminaron de oscurecerle el panorama: de un 40% en 2003 a: 20% en 2005, 17% en 2007 (reelección) hasta un 23% en 2009 no hay gestión que aguante, porque con el Concejo Deliberante (HCD) horadado no hay tranquilidad política y la gestión se empieza a dañar. No en vano varios intendentes experimentados vieron con recelo la candidatura testimonial, porque la prioridad era blindar los HCD y gobernar tranqui hasta 2011.

Toda esta cuestión se relaciona con un tema más estructural y poco analizado: la fragilidad jurídica de los Ejecutivos Comunales de la PBA frente a los Departamentos Deliberativos (más aun en el conurbano, con distritos de baja viabilidad fiscal) según el esquema legal de la Ley Orgánica de las Municipalidades (LOM). Una mínima falla de gestión del intendente en una coyuntura sin holgadas mayorías legislativas, lo ponen a tiro de la destitución por mal desempeño.

Una reforma profunda que postule la autonomía municipal podría modificar este grave problema. Pero hasta tanto no se presidencialice el Ejecutivo Comunal, el deber político del intendente es cohesionar la tropa a cualquier costo para poder gobernar.

La renuncia de Rossi se relaciona entonces más con fallas en el armado de la base política de sustentación que con cuestiones de desempeño institucional, como erróneamente se quiere hacer ver desde algunos medios.

Los intendentes posteriores a Duhalde nunca pudieron despegarse de la delegación duhaldista que los depositaba en el cargo: no pudieron construir una autonomía política que les diera liderazgo propio. Tavano lo logró parcialmente, pero nunca pudo escapar a las tensiones internas entre la pertenencia duhaldista y el camino autónomo. Pero el Tano pudo desplegar una política propia de gestión que incluía además del cuerpo a cuerpo con los sectores más postergados, una inteligente estrategia de interpelación a los sectores  medios desde el peronismo mediante los largos períodos de intendencia interina que desarrolló Marcelita Bianchi, cuyo laburo en este rubro no puede desconocerse (sobre todo en la incorporación de militancia), aun bajo la matriz duhaldista que rigió al proceso, cosa que no sucedió sólo en Lomas.

En el caso de Rossi, una falla notoria fue no tener política visible para la clase media; apostó al electorado histórico y se hicieron obras largamente postergadas como la canalización del Arroyo del Rey, red de agua potable en zonas periféricas, pero hubo una ausencia notoria en las zonas céntricas (que también votan, aunque no tanto al peronismo). La obra pública representa un aspecto importante pero parcial de las demandas populares en tierras carenciadas, por lo que no se puede apostar todo a ello.

El mecanismo de las colectoras (creado por Duhalde y reutilizado por Kirchner), articulado a los males endémicos de la política lomense, terminó por agravar la situación del peronismo: la fragmentación puede dejar al Municipio en manos de la CC, como casi ocurre en 2007 y 2009. Me parece que ni el más purista de los peronistas querría que esto suceda.

Cuando algunos amigos (hombres de a pie, militantes, blogueros) analizan la renuncia de Rossi omiten sorpresivamente algo clave: que Rossi fue candidato testimonial del kirchnerismo y que pese a ello, le enchufaron dos colectoras kirchneristas de último momento. Por mucho menos, (una sola colectora) un kirchnerista puro como el intendente de San Miguel Joaquín De La Torre (“Acuña y Cariglino me están ayudando a gobernar”, tremendo), que sacó el 14% y fue vapuleado por Rico el 28J, se bajó de la testimonial y todavía debe estar que trina.

Desde la simple ecuación política (haciendo abstracción de preferencias ideológicas) la cosa es simple: ¿Qué hubiera pasado si, por ejemplo, en Quilmes y en Lanús al Barba y a Darío les metían una colectora Aníbal F. y Pampuro respectivamente? Sacaban lo mismo que sacó Rossi.

Digo: Rossi no renunció ahora, lo hizo antes de la elección de junio cuando se enteró que siendo testimonial, le metían  dos colectoras para traccionar la boleta nacional. Es pura lógica política del poder, que no es de derecha ni de izquierda. Si encima quedás con el HCD dinamitado, te vas a la mierda, es simple.

Veamos los numeritos: Rossi gana con el 23% de los votos y la pérdida de bancas en el HCD lo deja liquidado. Las colectoras de Mariotto y la compañera Marcela Bianchi suman el 15% de los votos, Kirchner saca un 38 % a diputado. No es difícil deducir que con una sola colectora, Rossi sacaba el 30%, y yendo sólo (como el Barba y Darío, 37% y 33%, si mal no recuerdo) más del 30%, como casi todos los intendentes ganadores. Si por errores propios la situación de Rossi ya era delicada, las colectoras lo terminaron de enterrar, porque lo dejan sin HCD propio.

Yo entiendo que muchos compañeros y amigos vean como más taquillero pegarle a Rossi y festejar su renuncia por ser pejotero malo, duhaldista, “corrupto”, “transero” u “oportunista”, antes que pegarle a Díaz Pérez por su espantosa gestión en Lanús. Siempre hay una tendencia afectiva hacia las coincidencias ideológicas por sobre la valoración del cuero duro de la gestión real, digo, parafraseando a un tipo como Carlos Mugica, que captó en el aire todas las dimensiones posibles del peronismo.

Lomas y Lanús: dos distritos difíciles de gobernar. Rossi y Díaz Pérez. Un peronista de derecha y un peronista de izquierda, noveles intendentes que la pasan mal. Dos gestiones: la de Rossi, discreta. La de Díaz Pérez, mala.

Porque más allá de las apetencias políticas, está lo valorado de modo medular por la sociedad en la diaria y cuando mete la boletita: la gestión.

Y la verdad es que no me  alegro cuando veo cómo lo putean los vecinos de Lanús a Díaz Pérez (vecinos de toda edad, sexo y clase social), vecinos que, básicamente, lo votaron en 2007. Tampoco me alegra la renuncia de Rossi (no por él, que es un eslabón más entre tantos desaciertos del peronismo lomense, sino por el impacto que eso puede tener en la gestión y en el vecino), aunque no lo putearan.

Quiero decir: si le pegamos a Rossi, peguémosle con equivalencia a quiénes lo merecen de modo análogo, o más justificadamente todavía, aunque puedan ser tipos que nos caigan bien: yo quiero que les vaya bien a todos los peronistas, aunque puedan gustarme más algunos que otros. Por ejemplo, si decimos que lo de Roberto Panno en salud es flojo en Lomas, habrá que decir sin miedo que lo de Karina Nazabal en acción social en Lanús es muy malo.

Lo que importa, en el fondo, y en los votos, es la gestión.