jueves 19 de noviembre de 2009

2009 - 2011


La saga "Los Guardianes de Mugica" continúa, sin mucha difusión mediática.

Ahora en una villa de Barracas, el Cardenal le sigue pisando la pelota en la cara a Macri.

¿Quiénes operaron, dieron quórum y prestaron los votos para aprobar la reforma política?

Dime que concepción de la organización política tienes, y te diré quién eres.




domingo 15 de noviembre de 2009

La Frase del Día

"Si yo declaro un paro y tengo que tirarme a las vías para que se cumpla significa que no tengo el consenso de tantos."

Hugo Moyano

sábado 14 de noviembre de 2009

lunes 9 de noviembre de 2009

Volvió una Noche

Una imperativa y alta pluma reapareció desde el fondo de los empedrados oscuros, arrastrándose por calles adyacentes y muertas, escupiendo palabras ininteligibles, pero que se ordenan una vez dichas, cuando quedan flotando en el aire, y la brisa nocturna las lleva y las desnuda bajo las luces de neón, y ahí las vemos. La Mazorca ha vuelto, y celebramos. Pasen  y vean.

sábado 7 de noviembre de 2009

viernes 6 de noviembre de 2009

Ayer veíamos con Américo del Verbo la espera nocturna en carpas, bolsas de dormir y sillas de playa. Dos y pico de la madrugada, y la pesadez climática del acampe a las puertas del nuevo cielo: la Anses de Lanús. Escenas similares se pueden constatar en varias dependencias.

Yo digo que la asignación por hijo tiene un sentido político cuando pensamos en su instrumentación, porque necesita de la movilización de recursos humanos para tener una llegada rápida y masiva al confín del núcleo duro.

Se dice que el cobro es automático. Sí, para quiénes tiene algún grado de registración en la base de datos de la seguridad social. El resto tiene que hacer la cola.

Sin embargo, y como dice Moira en el post anterior, son las madres solas las que aparecen en la primera línea de urgencia, y son ellas, generalmente, las que no pasaron por una situación de laborabilidad (sobre todo las más jóvenes), y si no son o fueron beneficiarias de algún Plan, no tienen CUIL, y no cobran la asignación automáticamente en diciembre. Tienen que hacer la cola.

Probablemente también los hijos de estas mujeres no tengan DNI, por lo que la tramitación del beneficio necesite de otra previa, que dilata los tiempos. Tienen que hacer otra cola.

También está la reacción, el comportamiento de la gente ante la información: en ciertas zonas de los conurbanos nacionales (en las villas) nadie va a ir a un cyber a leerse e imprimir el pdf de la página de Anses para verificar los requisitos. Tienen que hacer la cola.

Y si desconfiás de la precisión quirúrgica de la base de datos de la Anses, también tenés que hacer la cola.

Y si estás registrado pero después te quedaste sin laburo y no cobraste seguro de desempleo o planes y tuviste hijos, tenés que hacer la cola.

Yo digo que con la Anses no alcanza, y hay que descentralizar a los barrios, hay que armar un dispositivo humano conocedor y facilitador. Para que este derecho se realice, hay que punterearlo (en el buen sentido de la palabra, que lo tiene). Que lo puntereen los curas.

A veces hay una mirada un poco aséptica que sueña (prescindiendo de los medios realmente existentes) con el pobre extremo redimiéndose en la “ciudadanización” del trámite individual, viajando libremente en bondi a la oficina estatal en zonas céntricas, un pobre al parecer “definitivamente desclientelizado” que en un sólo y doméstico paso accede, procesa y actúa la información disponible. Como lo haríamos nosotros.

Con la Anses no alcanza, me sopla al oído Graciela Camaño, y me despierto agitado.

martes 3 de noviembre de 2009

Universal

Por Moira Carabelli, para Desierto de Ideas

 

Cuando la presidenta anunció el jueves por la mañana el decreto de la asignación universal por hijo, sentí alivio, un poco de paz, y hasta cierto punto, alegría. Nunca pensé que una medida tomada por un gobierno me podría causar una sensación de tan silenciosa placidez, como de respeto. Porque la asignación universal por niño nos acerca a un lugar más cercano a esa lejanía que es la justicia social. De las pinturas de Daniel Santoro, las que más me gustan son las que representan la Isla de los Muertos. Porque traen la quietud a la mirada, y desdoblan la pulsión entre lo perdido y la promesa. Una oscilación tan propia de la vida, y que insufla la creencia de que algunas cosas siguen teniendo algún sentido. La esperanza nunca es una ingenuidad, mientras no se declame en su nombre. La esperanza es un acto de silencio.

Claro que no se me pasó por la cabeza, cuando Cristina anunciaba la decisión más importante en seis años de kirchnerismo, la banalidad del festejo o la agitación revanchista del cuerpo en catarsis partidaria. No se me ocurriría cerrar el puño y estallar en un “vamos, carajo”, o en un “tomen, putos”, porque en todo caso, no es dinero lo que me falta para afrontar una terapia donde desnudar mis fantasmas, miserias y frustraciones.

Me cuesta entender la razón por la cual, los mentores intelectuales y militantes históricos de esta conquista social que hoy se hace derecho, ponen su ahínco existencial en enojarse con la decisión del gobierno. Porque la asignación es universal. Punto. Es tan universal como puede ser algo cuando lo previo es nada, o muy poco. ¿Por qué se enojan tanto Elisa Carca y Claudio Lozano? El enojo cede cuando llega un poco de paz.

La asignación universal les puede cambiar la vida a muchas madres solteras o solas a las que no se les podía hablar sino con un rubor en el rostro de la movilidad social ascendente. No seguir penando tanto con los críos a cuestas es estar más cerca de la justicia social. Sufrir menos es un momento de paz. ¿Por qué enojarse, si los que van a recibir el beneficio no lo están?

La asignación es un brillo en la noche sin norte. Es encontrar cobijo para descansar un rato. A mí también me deja un sabor amargo que una madre o padre que cobra 1600 mangos en negro y tiene tres niños y su cónyuge desempleado, no pueda acceder a este respiro, porque hay mucha gente así. Pero la asignación es universal, y este gobierno tuvo la sensibilidad de aceptar que era necesario hacerlo, y apartarse de la convicción focalizadora que era genuina base del pensamiento kirchnerista. En este gesto hay grandeza, y me da lástima que no se lo pueda reconocer. ¿Qué tanta distancia habrá entre el progresismo de Lozano y Carca y el de Sabbatella y Yasky, para que unos se enojen tanto y otros saluden con candor una misma decisión, una asignación universal por hijo para trabajadores en negro y desocupados?

Y es claro, también, que cuando la presidenta anunciaba el beneficio, no se me ocurrió pensar como un Padre Político: “ya verán cuánto agradecerá, y deberá agradecer el Pueblo este regalo de Cristina y Néstor Kirchner”. Yo creo que la alegría que se puede tener por este derecho a percibir una asignación ciudadana no puede superar la que puedan tener las personas que van a recibir este beneficio. Y creo que no va a haber gritos exultantes de felicidad en la cola de inscripción al beneficio en Anses, y en las parroquias de barrio; tampoco cantarán la marchita, para desilusión de muchos peronistas. Habrá silencio, alivio, espera, calma, Paz.

Cristina dijo en su discurso la palabra: reparación. A este gran país le espera un largo camino de reparaciones, diminutos pedidos de perdón cotidianos al pueblo. Esta medida es eso. El kirchnerismo tiene mucho que ver en ello. El Pueblo no tiene que agradecer nada.

Cuando yo votaba por primera vez en mi vida, hace dos años, los seres más allegados me sugerían optar por un progresismo más verdadero, más limpio de ideas, como el que ellos supieron cultivar por décadas (y yo también, aunque siempre quise ver un progresismo real, y no uno charlado en reposeras estivales junto al mar).

Voté a Cristina, sabiendo que votaba al peronismo que venía haciendo el progresismo real, uno de hechos, uno que se podía luego, contar a alguien, y decirle: el progresismo es esto, te deja la ropa sucia, es contradictorio, es excesivo, es impresentable, es corrupto, es político, es conflictivo, es hegemónico, es improvisador, es hacedor.

El kirchnerismo es reparatorio. No hay vuelta atrás.