viernes 6 de noviembre de 2009

Ayer veíamos con Américo del Verbo la espera nocturna en carpas, bolsas de dormir y sillas de playa. Dos y pico de la madrugada, y la pesadez climática del acampe a las puertas del nuevo cielo: la Anses de Lanús. Escenas similares se pueden constatar en varias dependencias.

Yo digo que la asignación por hijo tiene un sentido político cuando pensamos en su instrumentación, porque necesita de la movilización de recursos humanos para tener una llegada rápida y masiva al confín del núcleo duro.

Se dice que el cobro es automático. Sí, para quiénes tiene algún grado de registración en la base de datos de la seguridad social. El resto tiene que hacer la cola.

Sin embargo, y como dice Moira en el post anterior, son las madres solas las que aparecen en la primera línea de urgencia, y son ellas, generalmente, las que no pasaron por una situación de laborabilidad (sobre todo las más jóvenes), y si no son o fueron beneficiarias de algún Plan, no tienen CUIL, y no cobran la asignación automáticamente en diciembre. Tienen que hacer la cola.

Probablemente también los hijos de estas mujeres no tengan DNI, por lo que la tramitación del beneficio necesite de otra previa, que dilata los tiempos. Tienen que hacer otra cola.

También está la reacción, el comportamiento de la gente ante la información: en ciertas zonas de los conurbanos nacionales (en las villas) nadie va a ir a un cyber a leerse e imprimir el pdf de la página de Anses para verificar los requisitos. Tienen que hacer la cola.

Y si desconfiás de la precisión quirúrgica de la base de datos de la Anses, también tenés que hacer la cola.

Y si estás registrado pero después te quedaste sin laburo y no cobraste seguro de desempleo o planes y tuviste hijos, tenés que hacer la cola.

Yo digo que con la Anses no alcanza, y hay que descentralizar a los barrios, hay que armar un dispositivo humano conocedor y facilitador. Para que este derecho se realice, hay que punterearlo (en el buen sentido de la palabra, que lo tiene). Que lo puntereen los curas.

A veces hay una mirada un poco aséptica que sueña (prescindiendo de los medios realmente existentes) con el pobre extremo redimiéndose en la “ciudadanización” del trámite individual, viajando libremente en bondi a la oficina estatal en zonas céntricas, un pobre al parecer “definitivamente desclientelizado” que en un sólo y doméstico paso accede, procesa y actúa la información disponible. Como lo haríamos nosotros.

Con la Anses no alcanza, me sopla al oído Graciela Camaño, y me despierto agitado.

martes 3 de noviembre de 2009

Universal

Por Moira Carabelli, para Desierto de Ideas

 

Cuando la presidenta anunció el jueves por la mañana el decreto de la asignación universal por hijo, sentí alivio, un poco de paz, y hasta cierto punto, alegría. Nunca pensé que una medida tomada por un gobierno me podría causar una sensación de tan silenciosa placidez, como de respeto. Porque la asignación universal por niño nos acerca a un lugar más cercano a esa lejanía que es la justicia social. De las pinturas de Daniel Santoro, las que más me gustan son las que representan la Isla de los Muertos. Porque traen la quietud a la mirada, y desdoblan la pulsión entre lo perdido y la promesa. Una oscilación tan propia de la vida, y que insufla la creencia de que algunas cosas siguen teniendo algún sentido. La esperanza nunca es una ingenuidad, mientras no se declame en su nombre. La esperanza es un acto de silencio.

Claro que no se me pasó por la cabeza, cuando Cristina anunciaba la decisión más importante en seis años de kirchnerismo, la banalidad del festejo o la agitación revanchista del cuerpo en catarsis partidaria. No se me ocurriría cerrar el puño y estallar en un “vamos, carajo”, o en un “tomen, putos”, porque en todo caso, no es dinero lo que me falta para afrontar una terapia donde desnudar mis fantasmas, miserias y frustraciones.

Me cuesta entender la razón por la cual, los mentores intelectuales y militantes históricos de esta conquista social que hoy se hace derecho, ponen su ahínco existencial en enojarse con la decisión del gobierno. Porque la asignación es universal. Punto. Es tan universal como puede ser algo cuando lo previo es nada, o muy poco. ¿Por qué se enojan tanto Elisa Carca y Claudio Lozano? El enojo cede cuando llega un poco de paz.

La asignación universal les puede cambiar la vida a muchas madres solteras o solas a las que no se les podía hablar sino con un rubor en el rostro de la movilidad social ascendente. No seguir penando tanto con los críos a cuestas es estar más cerca de la justicia social. Sufrir menos es un momento de paz. ¿Por qué enojarse, si los que van a recibir el beneficio no lo están?

La asignación es un brillo en la noche sin norte. Es encontrar cobijo para descansar un rato. A mí también me deja un sabor amargo que una madre o padre que cobra 1600 mangos en negro y tiene tres niños y su cónyuge desempleado, no pueda acceder a este respiro, porque hay mucha gente así. Pero la asignación es universal, y este gobierno tuvo la sensibilidad de aceptar que era necesario hacerlo, y apartarse de la convicción focalizadora que era genuina base del pensamiento kirchnerista. En este gesto hay grandeza, y me da lástima que no se lo pueda reconocer. ¿Qué tanta distancia habrá entre el progresismo de Lozano y Carca y el de Sabbatella y Yasky, para que unos se enojen tanto y otros saluden con candor una misma decisión, una asignación universal por hijo para trabajadores en negro y desocupados?

Y es claro, también, que cuando la presidenta anunciaba el beneficio, no se me ocurrió pensar como un Padre Político: “ya verán cuánto agradecerá, y deberá agradecer el Pueblo este regalo de Cristina y Néstor Kirchner”. Yo creo que la alegría que se puede tener por este derecho a percibir una asignación ciudadana no puede superar la que puedan tener las personas que van a recibir este beneficio. Y creo que no va a haber gritos exultantes de felicidad en la cola de inscripción al beneficio en Anses, y en las parroquias de barrio; tampoco cantarán la marchita, para desilusión de muchos peronistas. Habrá silencio, alivio, espera, calma, Paz.

Cristina dijo en su discurso la palabra: reparación. A este gran país le espera un largo camino de reparaciones, diminutos pedidos de perdón cotidianos al pueblo. Esta medida es eso. El kirchnerismo tiene mucho que ver en ello. El Pueblo no tiene que agradecer nada.

Cuando yo votaba por primera vez en mi vida, hace dos años, los seres más allegados me sugerían optar por un progresismo más verdadero, más limpio de ideas, como el que ellos supieron cultivar por décadas (y yo también, aunque siempre quise ver un progresismo real, y no uno charlado en reposeras estivales junto al mar).

Voté a Cristina, sabiendo que votaba al peronismo que venía haciendo el progresismo real, uno de hechos, uno que se podía luego, contar a alguien, y decirle: el progresismo es esto, te deja la ropa sucia, es contradictorio, es excesivo, es impresentable, es corrupto, es político, es conflictivo, es hegemónico, es improvisador, es hacedor.

El kirchnerismo es reparatorio. No hay vuelta atrás.

viernes 30 de octubre de 2009

¿Breves? Notas sobre el Peronismo Lomense

La flamante renuncia del intendente Jorge Rossi coloca efímeramente y en sede mediática a la política lomense. Como lo que leí en diarios y blogs no sobrepasó el análisis liviano, un tanto difuso y con algunas omisiones, acá van algunas notitas al paso.

El peronismo lomense adolece desde la muerte de Juan Bruno Tavano (más bien desde los últimos años de su segundo mandato) de una mínima capacidad de conducción para admnistrar los férreos internismos que han dominado la lógica de la política local.

Lomas no ha tenido un Mussi, un Curto o un Othacehé que garanticen pisos altos de gobernabilidad y fuerte capacidad de encuadramiento de la tropa. En municipios de compleja viabilidad como Lomas o Lanús, ambos factores devienen claves para sostener un caudal de poder político razonable que no haga naufragar el barco: no hay que constatar sino los índices presupuestarios que afrontan los municipios del conurbano como para entender que siempre se está más cerca de Devoto que de la Gloria.

Traducción: además de gestión necesitás un Concejo Deliberante fuerte porque si la mayoría legislativa se pone en riesgo, entrás en una crisis política que no se contrarresta con una buena gestión.

(Después se quejan porque Othacehé disuade internismos con poca diplomacia. El Vasco lee una página de El Príncipe cada noche antes de dormir.)

Durante el gobierno del Frepaso (1999-2001) se produce el colapso económico-fiscal del distrito. En el plano electoral, se instrumentan las colectoras, que profundizan el internismo y la fragmentación del peronismo local a favor de un mayor fraccionamiento de votos para el cuerpo de la boleta de los candidatos nacionales. La coalición parlamentaria conducida por el peronismo que se hace cargo del muerto frepasista (2001-2003) sanea parcialmente las cuentas municipales y devuelve pisos de gobernabilidad aceptables.

Cuando Rossi asume en 2003 (con el 40% de los votos) se completa el ordenamiento básico de la ecuación  fiscal, tan sólo para que el municipio vuelva a ser gobernado con cierta normalidad: en ningún caso estamos hablando de una “gran gestión”, sino de restituir los servicios municipales que el Frepaso había dejado de prestar.

Un dato soslayado en todos los análisis que leí: hasta el momento de su candidatura, Rossi no venía tallando en la política diaria lomense en forma directa (como sí lo venían haciendo el Chino Navarro, Mércuri, Marcela Bianchi o Pablo Paladino), lo cual refuerza la falta de conducción del peronismo local.

La interna Rossi-María Elena de 2003 reafirma lo etéreo de las figuras y la ausencia de un político con peso y juego propios en el distrito.  En este sentido, Rossi no fue la excepción: la estrategia política del intendente erró por varios costados (por ejemplo, jugar con Duhalde en 2005 cuando lo que se necesitaba era fortalecer el poder político municipal, como hicieron otros intendentes que leyeron bien el contexto y jugaron con Kirchner), y el festival de las colectoras de 2007 y 2009 terminaron de oscurecerle el panorama: de un 40% en 2003 a: 20% en 2005, 17% en 2007 (reelección) hasta un 23% en 2009 no hay gestión que aguante, porque con el Concejo Deliberante (HCD) horadado no hay tranquilidad política y la gestión se empieza a dañar. No en vano varios intendentes experimentados vieron con recelo la candidatura testimonial, porque la prioridad era blindar los HCD y gobernar tranqui hasta 2011.

Toda esta cuestión se relaciona con un tema más estructural y poco analizado: la fragilidad jurídica de los Ejecutivos Comunales de la PBA frente a los Departamentos Deliberativos (más aun en el conurbano, con distritos de baja viabilidad fiscal) según el esquema legal de la Ley Orgánica de las Municipalidades (LOM). Una mínima falla de gestión del intendente en una coyuntura sin holgadas mayorías legislativas, lo ponen a tiro de la destitución por mal desempeño.

Una reforma profunda que postule la autonomía municipal podría modificar este grave problema. Pero hasta tanto no se presidencialice el Ejecutivo Comunal, el deber político del intendente es cohesionar la tropa a cualquier costo para poder gobernar.

La renuncia de Rossi se relaciona entonces más con fallas en el armado de la base política de sustentación que con cuestiones de desempeño institucional, como erróneamente se quiere hacer ver desde algunos medios.

Los intendentes posteriores a Duhalde nunca pudieron despegarse de la delegación duhaldista que los depositaba en el cargo: no pudieron construir una autonomía política que les diera liderazgo propio. Tavano lo logró parcialmente, pero nunca pudo escapar a las tensiones internas entre la pertenencia duhaldista y el camino autónomo. Pero el Tano pudo desplegar una política propia de gestión que incluía además del cuerpo a cuerpo con los sectores más postergados, una inteligente estrategia de interpelación a los sectores  medios desde el peronismo mediante los largos períodos de intendencia interina que desarrolló Marcelita Bianchi, cuyo laburo en este rubro no puede desconocerse (sobre todo en la incorporación de militancia), aun bajo la matriz duhaldista que rigió al proceso, cosa que no sucedió sólo en Lomas.

En el caso de Rossi, una falla notoria fue no tener política visible para la clase media; apostó al electorado histórico y se hicieron obras largamente postergadas como la canalización del Arroyo del Rey, red de agua potable en zonas periféricas, pero hubo una ausencia notoria en las zonas céntricas (que también votan, aunque no tanto al peronismo). La obra pública representa un aspecto importante pero parcial de las demandas populares en tierras carenciadas, por lo que no se puede apostar todo a ello.

El mecanismo de las colectoras (creado por Duhalde y reutilizado por Kirchner), articulado a los males endémicos de la política lomense, terminó por agravar la situación del peronismo: la fragmentación puede dejar al Municipio en manos de la CC, como casi ocurre en 2007 y 2009. Me parece que ni el más purista de los peronistas querría que esto suceda.

Cuando algunos amigos (hombres de a pie, militantes, blogueros) analizan la renuncia de Rossi omiten sorpresivamente algo clave: que Rossi fue candidato testimonial del kirchnerismo y que pese a ello, le enchufaron dos colectoras kirchneristas de último momento. Por mucho menos, (una sola colectora) un kirchnerista puro como el intendente de San Miguel Joaquín De La Torre (“Acuña y Cariglino me están ayudando a gobernar”, tremendo), que sacó el 14% y fue vapuleado por Rico el 28J, se bajó de la testimonial y todavía debe estar que trina.

Desde la simple ecuación política (haciendo abstracción de preferencias ideológicas) la cosa es simple: ¿Qué hubiera pasado si, por ejemplo, en Quilmes y en Lanús al Barba y a Darío les metían una colectora Aníbal F. y Pampuro respectivamente? Sacaban lo mismo que sacó Rossi.

Digo: Rossi no renunció ahora, lo hizo antes de la elección de junio cuando se enteró que siendo testimonial, le metían  dos colectoras para traccionar la boleta nacional. Es pura lógica política del poder, que no es de derecha ni de izquierda. Si encima quedás con el HCD dinamitado, te vas a la mierda, es simple.

Veamos los numeritos: Rossi gana con el 23% de los votos y la pérdida de bancas en el HCD lo deja liquidado. Las colectoras de Mariotto y la compañera Marcela Bianchi suman el 15% de los votos, Kirchner saca un 38 % a diputado. No es difícil deducir que con una sola colectora, Rossi sacaba el 30%, y yendo sólo (como el Barba y Darío, 37% y 33%, si mal no recuerdo) más del 30%, como casi todos los intendentes ganadores. Si por errores propios la situación de Rossi ya era delicada, las colectoras lo terminaron de enterrar, porque lo dejan sin HCD propio.

Yo entiendo que muchos compañeros y amigos vean como más taquillero pegarle a Rossi y festejar su renuncia por ser pejotero malo, duhaldista, “corrupto”, “transero” u “oportunista”, antes que pegarle a Díaz Pérez por su espantosa gestión en Lanús. Siempre hay una tendencia afectiva hacia las coincidencias ideológicas por sobre la valoración del cuero duro de la gestión real, digo, parafraseando a un tipo como Carlos Mugica, que captó en el aire todas las dimensiones posibles del peronismo.

Lomas y Lanús: dos distritos difíciles de gobernar. Rossi y Díaz Pérez. Un peronista de derecha y un peronista de izquierda, noveles intendentes que la pasan mal. Dos gestiones: la de Rossi, discreta. La de Díaz Pérez, mala.

Porque más allá de las apetencias políticas, está lo valorado de modo medular por la sociedad en la diaria y cuando mete la boletita: la gestión.

Y la verdad es que no me  alegro cuando veo cómo lo putean los vecinos de Lanús a Díaz Pérez (vecinos de toda edad, sexo y clase social), vecinos que, básicamente, lo votaron en 2007. Tampoco me alegra la renuncia de Rossi (no por él, que es un eslabón más entre tantos desaciertos del peronismo lomense, sino por el impacto que eso puede tener en la gestión y en el vecino), aunque no lo putearan.

Quiero decir: si le pegamos a Rossi, peguémosle con equivalencia a quiénes lo merecen de modo análogo, o más justificadamente todavía, aunque puedan ser tipos que nos caigan bien: yo quiero que les vaya bien a todos los peronistas, aunque puedan gustarme más algunos que otros. Por ejemplo, si decimos que lo de Roberto Panno en salud es flojo en Lomas, habrá que decir sin miedo que lo de Karina Nazabal en acción social en Lanús es muy malo.

Lo que importa, en el fondo, y en los votos, es la gestión.

jueves 29 de octubre de 2009

Gracias, Croqueta


Siempre nos gusta que nos citen (para que negarlo ¿no?), pero cuando se trata de una biblioteca virtual peronista única e imprescindible como Croqueta Digital, y en un listado grosso  sobre el peronismo, lo que sentimos además es alegría y orgullo.

martes 27 de octubre de 2009

Mientras la agenda nacional empieza a discutir qué tan universal debería ser la asignación por hijo, en la provincia y sin tanta promoción mediática se lanza el Envión, que Cacho Alvarez ya venía implementando eficazmente en Avellaneda (¿o no, Conu?) y que ahora se instrumenta a nivel provincial para los pibes de 12 a 21 años que no estudian ni laburan.

Lo interesante del Plan, es que viene tácitamente a retomar un debate en torno a la implementación político-social de los planes de asistencia  y su efectividad real sobre la vida popular.

Como siempre, el problema no es la abstracción universalidad-focalización, ni empleo o asistencia directa, sino qué recursos humanos y materiales se tienen para la instrumentación, además de una diagramación que posibilite el acceso rápido y masivo al beneficio, tipo Plan Jefas y Jefes de Hogar en el 2002.

El Plan Envión reinserta un elemento crucial en la política social: la necesidad de contar con una organización territorial que despliegue un rol socio-político insustituible para la perdurabilidad y eficacia del plan.

Aunque Cacho Alvarez no lo diga, la discusión que está detrás del Envión remite a las fallas estructurales de la política social de Arroyo: la debilitación de las manzaneras a partir de la implementación de la tarjeta alimentaria, que quedaron relegadas en sus roles de referentes barriales, situación que provocó fallas en la contención social de los sectores más postergados. Demás esta decir que las manzaneras desactivan quilombos jodidos que exceden largamente a la cuestión alimentaria. Para los que siguen pensando que se trata sólo del canje de bolsas de morfi por eventuales votos, la insuficiencia y las fallas que mostró la tarjeta alimentaria como supuesta panacea contra la pobreza y el clientelismo, habla de la complejidad del problema.

La aplicación del Envión (que le da una beca mensual a cada pibe mientras se capacita y estudia para entrar al mercado laboral, además de base alimentaria y actividades adicionales como deporte y arte) se hace en sedes barriales, devolviendo una dinámica social que se había perdido con la bancarización de la asistencia y el corrimiento de los beneficiarios del PJJH al Plan Familias (que anulaba las atribuciones del referente barrial para actuar en el territorio) promovida por la cosmovisión arroyista, cuyo fracaso se comprobó en los hechos. Con el Envión de Cacho vuelve, en parte, la política social posta. Que así sea.

domingo 25 de octubre de 2009

No temas, Niño, a la Eurídice Pobre

Decidió su mano no rozar la carne aterida que dejaba escurrir el pliegue de la sábana. Dormida, ella le dice que ningún presidente de la nación debiera ir preso por corrupción. Que ningún presidente debería ir preso.

Leía un libro de Duhalde y Ortega que era un libro de la argentina: Memorias del incendio.

Leía y miró más allá de la cama, o del horizonte. Por la ventana entraban ráfagas azules y vómitos de lluvia. El piso estaba encharcado y en él se reflejaba la luna.

Cerró el libro y pensó en dos cosas. En la recepción de pobres y en el espíritu folk de una aristocracia política. Pensó que cuando tenía quince años, en Buenos Aires y en Tucumán, Duhalde y Ortega comenzaban a recibir pobres, y Gogol no estaba para narrarlo. ¿Quién escribirá el libro de las gobernaciones de Duhalde y Palito?

Recibir a los pobres. Relevarlos, dar audiencia, perder tiempo. Palito fue un gran gobernador porqué construyó la agenda de derecha que el pueblo necesitado necesitaba, y dejó una filigrana de despedida: no aceptó ser reelecto.

Milagro Sala sería lo contrario de una aristocracia política juvenil. El reverso de la moneda kirchnerista.

El flujo antipolítico que lapida a esa mujer ofrece una lectura proyectada que estremece. Ciertos sectores políticos (absolutamente regresivos con respecto del 2001) han clausurado toda comprensión cabal de la índole de las prácticas sociales en tierras post aliancistas, al visualizar a los movimientos sociales bajo el paisaje del bandolerismo rural. Sala y Bairoletto encriptados en una misma y brumosa silueta en el fondo del llano. Aun cuando nada justifique el escrache (como nada justifica que un -ex– presidente de la nación vaya preso por corrupción, dice ella), cada una de las intervenciones políticas de Morales parecen inexorablemente destinadas a consumar lo degradatorio.

La nimbada paradoja es que mientras las dirigencias se aprestan a rendir Pobreza I parados en la arena, le hacen juicio penal-mediático a una mujer a la que en realidad deberían recibir amablemente en despachos y comisiones para preguntarle cómo se instrumentan algunas cosas.

Que Milagro Sala haya estado en cana, en la falopa, que sea barra de Gimnasia y que haga “clientelismo” sólo contribuye a que se la deba escuchar con mayor atención cuando se la consulte por la asignación universal por hijo. Y que Milagro Sala ponga sobre el paño las diferencias organizativas que la separan y la enfrentan al Perro Santillán y otros movimientos sociales (todo eso que ella llama “la zurda”, eternos jugadores de yo-yo), no hace más que constatar la amplitud y la eficacia de una forma de organización social que lejos está de ser un paseo por París, como quisieran algunos, pero que expresa un nivel de realización cualitativa de trabajo social que incluso es una excepcionalidad dentro de la lógica de los movimientos sociales.

La aristocracia política juvenil tiene que sanar. El blog político también puede ser una aristocracia política, y cometer tenues pecados. “¿Cómo se produce poder político real desde unas oficinas de AA?”, pregunta ella con la voz dormida surgiendo de un remolino de sábanas. El piensa que el pecado se expía, no se conjura. Amaga con volver al libro, pero no. No se hace política para ser feliz. Por eso los niños tienen prohibida la política, porque hay que resguardar ese jardín del tiempo pizarnikiano, ese que tañe en la memoria.

Pero el joven tiene que someterse a los desvirgamientos para ir a la política, tiene que matar retóricas, idealismos preconcebidos, lógicas binarias, bibliotecas, roles históricos, porque la política es un sacerdocio: no se puede pecar.

La aristocracia debe sanar. No dejará de ser aristocracia, pero puede sanar si comprende que pertenecer a una casta de apellidos ilustres no da derechos adquiridos. Tomar un atajo no siempre es una ventaja.

Un profesor de historia militar dijo que no todos están para lo mismo, y por eso la aristocracia política está para producir ideas, relatos, si es que no puede producir otras cosas. Situar el relato político en todo lo que emana de una confrontación contra las formas mediáticas otorga un cómodo campo de interpretaciones: se puede ir desde cuestionamientos certeros a las construcciones de sentido que los medios hacen, hasta diluir los propios pecados como parte de “operaciones mediáticas”. Los límites son difusos (lo mediático es difuso, de fuertes seducciones semánticas, pero da poca ganancia política.) Se puede sanar, se puede hacer un alto en el camino de la dulce vida que es inherente a toda aristocracia. Se pueden hacer pesar menos los blasones, que nadie les negará el linaje. Está en su naturaleza, no lo pueden controlar.

Ahora ella dijo, cuando la sábana dejo su espalda nacarada desnuda, que en el cristal de la ventana, se percibía el pulso de los ríos. No llovía.

domingo 18 de octubre de 2009

El Pago

“El itinerario de Ledesma es propio de la permisiva cultura política del justicialismo, en la que el cambio de camiseta durante el partido es una regla aceptada.”

 

¿Hasta que punto los reparos autoimpuestos para analizar el hecho político invisibilizan toda una trama de valores, prácticas e historias domésticas y microfísicas de la vida cotidiana de la política fuera de la marquesina mediática?

En la narración del periodista nunca aparece la crónica diaria de una militancia; lo que sólo se ve en el análisis (como en este de Wainfeld) es un antojadizo emergente devenido en máxima: aceptar el relato de una verdad fraguada desde el verticalismo dirigencial. Ledesma “lo abandonó” a Kirchner, ahora “deja” a De Narváez y éste “lo echa”.

Este es un discurso muy introyectado en las mentes pálidas tanto a derecha como a izquierda.

Refleja una concepción rígida y abstracta de la organización política (basada  exclusivamente en la homogeneidad de ideas) que suele articularse mal con la dinámica real que se expresa en los vaivenes de una militancia activando diariamente en la construcción política (construcción que no sólo es la de promover el bienestar comunitario por amor vocacional, sino la de construir espacios de poder y acumulación para el posicionamiento dentro de la estructura).

Efectivamente, las ambiciones del militante político no son estrictamente las de trabajar “para un mundo mejor” (como piensan los cultores del altruismo irrestricto declamado pero no practicado), sino también la de obtener una recompensa personal y escalar en la pirámide del poder; sería una falta de respeto al militante agradecerle sus servicios y premiar sus méritos con una cordial palmadita en la espalda o dedicándole un emotivo discurso: no se come, ni se llena la víscera más sensible con la insípida ingravidez de “las convicciones”.

Quizás lo que no entiendan o no quieran asumir Wainfeld y un amplio colectivo político que dice portar inquietudes populares, es que, sencillamente, hay que pagar.

La lealtad política no es un club de amigos, y lo decíamos ayer: una fuerza política que no defiende los intereses materiales de sus militantes, no puede construir una opción de mayorías duradera. Hay que pagar.

La historia es conocida: Ledesma bancó a Kirchner cuando no era nadie, Kirchner no pagó (o pagó mal, que es lo mismo) y fue desleal al tipo que lo trajo al conurbano; dañada la confianza política, el militante rumbea hacia lugares más hospitalarios donde su trabajo pueda ser reconocido. El Colorado era lo que había, como dijo el Negro, pero no era difícil ver la inviabilidad política de un espacio que desprecia “el lastre militante” y contraviene así costumbres tácitas del peronismo, y que no asume una agenda política superadora de lo existente.

La deslealtad corresponde a De Narváez, como en su momento correspondió a Kirchner, porque no protegieron al militante.

En los medios, y en el análisis político, se presenta la cuestión como “la febril traición mercenaria” que anida en el impresentable pejotista. Kirchner y De Narváez saben que las cosas no son así. Hay que pagar.

 

A Wainfeld lo veo muy preocupado por que no se desordene el salón rococó en el que el kirchnerismo recibirá al centroizquierda durante estos dos años. La discusión es otra.