miércoles, 17 de febrero de 2010

Los Kirchner y la Gente

A unos meses de la aprobación de la ley de medios que intentará atenuar la fiebre concentradora de la propiedad de las empresas de comunicación, parece interesante hacer una reflexión graduada, casi despojada de emociones, de lo que fue apareciendo como producción mediática alternativa a lo que se llamó con inusitada pompa “cadena nacional de desinformación”, u otras denominaciones por el estilo que surgieron en plena batalla por la sanción de la ley. Una ley, que como todos sabemos, era absolutamente necesaria frente al festival adquisitivo de las empresas periodísticas del país, pero que abre un campo fértil también para los conglomerados extranjeros que quieran invertir en la Argentina.

Hay que suponer, en principio, que hubo un apoyo popular tácito al fútbol para todos, una movida que casualmente se efectuó antes y por fuera de la dichosa ley, y que ningún argentino lloró por el destino del Grupo cuando la ley de medios se sancionaba con holgadas mayorías en el parlamento. Hasta ahí, se ve claro el consenso taciturno que flotó alrededor de esta cuestión, más allá de que muchos amigos pendeviejos de la jotapé (la gloriosa) lo vivieron como una revancha personal y como una victoria política bisagra en treinta años de democracia moderna.

¿Y que vino después de la ley? La pregunta parece razonable, si consideramos que el ala progresista del kirchnerismo (la que domina la producción discursiva del gobierno en este tema, por decisión de Néstor y Cristina) planteó como sustancial para la confrontación política venidera con la oposición y para ganar el favor popular, la imperativa necesidad de construir un polo mediático alternativo que mostrara la verdad oculta tras las fauces de lo que se llamó también, con temeraria creatividad, “cerco mediático” (cualquier parecido con el otro cerco es mera coincidencia, supongo) o “complejo agro-mediático”.

Fueron, en ese sentido, muy instructivas las apariciones de Mariana Moyano en el noticiero de la televisión pública explicando las técnicas de verseo con las cuales los tanques del massmedia nos mentirían a todos los argentinos que no tuvimos la suerte de leer a Stuart Hall, Pierre Bourdieu o al resto de los cráneos de los Estudios Culturales (mientras escribo esto, estoy escuchando un impresionante compilado de música electrónica que me regaló un dj europeo), a los cuales no nos quedaría otro remedio que ser unos pelotudos inexorables que nos creemos todo lo que con engolada voz nos dice Luis Otero.

Conviene aclarar que en la era de la globalización, la conformación de una subjetividad no se puede disociar de las introyectadas técnicas de comunicación audiovisual que están arraigadas en cada ser humano; pero de ahí a establecer una linealidad alienante por la cual los medios de comunicación lavarían el cerebro y lo reformatearían de acuerdo a sus designios políticos más explícitos, hay un trechito largón. Nadie miró televisión, se transformó en un zombie, y metió la boleta de De Narváez en la urna. Como nadie votó a los Kirchner tres veces seguidas (2003, 2005, 2007) porque leyeron Clarín y se creyeron todo lo que el diario dijo en esos años.

Sin embargo, la rama progresista del kirchnerismo consideró esencial profundizar las contradicciones que al parecer se originaban en una disputa de la narración de La Verdad (Pravda), que se le estaría escamoteando al pueblo todo. Se trataría de un clientelismo cultural  que socavaría la capacidad de comprensión de toda la ciudadanía, y que sería necesario desmontar para que se descorra el velo de la mentira. Desde ya, la raíz de este criterio reflexivo se origina en el conspirativismo como vara para medir toda la realidad política, algo muy típico en los pensamientos de la izquierda cultural. De ahí que a esta altura, todo hecho político que amenace al gobierno tenga la marca clarinista en el orillo, o por lo menos se lo valore de esa manera.

La producción mediática que surgió como oposición a los monopolios periodísticos no mostró nuevos modos de concebir una única realidad, sino que más bien reprodujo la mediocridad de los grandes medios. Se trataría de un Clarín al revés, urgido por la inmediatez de la confrontación. Desde el setentista Miradas al Sur, pasando por el barcelonesco El Argentino, el progresismo cauto de páginadoce y el a esta altura inclasificable delirio que es 678, lo que se verifica es una confrontación de elites intelectuales (llamémosle de derecha e izquierda) que no le mueve ni un solo pelo a la mayoría de la sociedad.

Habría que comprender que no hay ningún rédito político a obtener si se sigue dialogando desde el atril presidencial con las sucesivas tapas de Clarín. El consenso popular en este tema llegó hasta la sanción de la ley, y de ahí en más comenzó un diálogo entre elites (Gobierno y Medios) del cual la mayoría de la sociedad se quedó afuera, más urgida por cuestiones de la vida cotidiana como la inseguridad y la inflación. Y más distancia se coloca entre el gobierno y el pueblo cuando estos dos temas urticantes se subestiman como parte de una “ficción mediática” que los instalaría malamente: la negación del problema es directamente proporcional al malestar que crea en la población, y  a una eventual merma de votos.

Resulta esencial decir qué tan resbaladizo, subjetivo, confuso y autocomplaciente es estructurar una disputa política integral en torno a una infinita discusión sobre la índole de la verdad mediática: es un terreno muy étereo que se sintetiza en una guerra de relatos perpetua, que termina por olvidarse de lo que le pasa a la gente.

Con todo, lo más sorprendente es que dos personas realistas como Cristina y Néstor se hayan excedido tanto en el uso de ese discurso elaborado por los cuadros progresistas del kirchnerismo, aunque no hay que dejar de apreciar que el tópico conspirativo es muy útil para sostener una estrategia defensiva de conservación de poder. Aun cuando exacerbarla  implique cortar el vínculo con la gente. Porque yo todavía espero que Cristina y Néstor le vuelvan a hablar a la gente.

lunes, 15 de febrero de 2010

De la Medida de la Vara, y del Modo en que Cimbrea

La orfandad interpretativa que asuela a las minorías letradas progresistas y conservadoras hace que sus buques dominicales de fermentación ideológica acudan al negraje dirigencial para que les soplen la textura de la realidad política en estas horas crepusculares, mientras los entusiastas de salón hacen autopsias o panegíricos que sólo relatan el pasado.

Más grave sería leer lo que dicen La Negra y El Negro como discursos contradictorios y no complementarios de una época matizada por las transiciones, y más que nunca, por la relatividad de las verdades invocadas. Con todas las objeciones que puedan hacerse, Camaño y Moyano actualizan doctrina sobre la base ríspida de los hechos.

Es tan pertinente avisarle al establishment político (que incluye al peronismo en las figuras de Kirchner, Reutemann, Solá o De Narváez porque todos ellos representan a una elite) que la organización sindical encarnará la primera línea de resistencia ante el ajuste, como preguntarle a este gobierno cuánto pobrerío estructural se puede bancar esta democracia real.

Sería ingenuo pensar que Moyano sólo le habla a Lole o al Colorado; tampoco Camaño plantea cuestiones que sólo le competen a los Kirchner. Moyano advierte algo habitual en la dinámica peronista: que ante un eventual retroceso de los beneficios materiales de las masas, la única defensa social realmente existente va a provenir de la organización sindical peronista con sus respectivas burocracias malditas. Los movimientos sociales, el yaskysmo, el partido de Sabbatella o los propios Néstor y Cristina podrán declamar también su oposición a un posible ajustazo post-2011, pero no van a incidir sobre ninguna correlación de fuerzas porque carecen de una envergadura organizativa acorde a las circunstancias de la confrontación. Hacia dentro del esquema cegetista, son los camioneros los que pueden desarrollar con mayor eficacia una política obstruccionista de largo aliento, que conociendo al Hugo, va a ser algo más que vandorismo puro y duro. Sino, que lo diga Menem.

Graciela Camaño se limita a describir la realidad kirchnerista 2008-2010 cuando dice que el gobierno está excesivamente ideologizado (algo que en este blog pedorro veníamos diciendo hace  muuucho) y marca los datos arrojados por la inflexión electoral de 2009 cuando afirma que Kirchner no representa a EL peronismo. Es lógico que esta realidad tarde más en ser asimilada por la militancia que por la sociedad, pero no por ello las huestes kirchneristas debieran negarlo.

Los Kirchner perdieron una hegemonía, y es absolutamente razonable que a partir de allí el liderazgo del peronismo ingrese en litigio, en una disputa inexorable y necesaria (cuando los muchachos huelen sangre…). Es verdad: Kirchner no tiene la representación del peronismo, como no la tienen Duhalde, Reutemann, Felipe o Gioja. La reasunción de Néstor en el PJ es un error político para la salud del movimiento nacional justicialista, pero para él es una jugada táctica de retroceso acorde a un político inteligente que va a defender con uñas y dientes el espacio de poder que conserva.

Notemos que Camaño no objeta el trazo grueso de los seis años de gobierno kirchnerista (Massa, Giustozzi y Bruera tampoco), sino las relaciones de NK con el movimiento  y sus malas decisiones de conducción (la transversalidad se está facturando ahora). Y la pregunta por la pobreza estructural está vigente después de seis años de crecimiento, consumo, sindicalización y asignación universal por hijo. Este es un tema doloroso, porque el kirchnerismo se narró asimismo como gobierno popular pero nunca pudo recrear un sentimiento de comunión con los pobres, nunca cuajó con la idiosincrasia popular más sumergida al punto de restablecer formas subjetivas de la dignidad, y convengamos que modalidades de empleo ficticio como el programa Argentina Trabaja no contribuyen demasiado a establecer una cercanía: el pueblo no quiere ser cooperativista, quiere ser camionero.

Me comentan que en un taquillero blog progre-kirchnerista (que lamentablemente, no leo) se gastan horas intentando dilucidar cómo es posible que los jubilados no agradezcan con el voto ganar 900 pesos por mes, cómo es posible que las mamás solteras que perciben los 180 no devuelvan la prestación militando para el kirchnerismo. ¿Por qué esos viejos alienados no le chupan, como deberían, la pija a Kirchner? ¿Por qué esas negras cojedoras de la villa no se esclarecen y le chupan, como deberían, la concha a Cristina?

La intelligentzia progre-filo-kirchnerista se desloma en la incomprensión, va a terapia y muestra la hilacha de toda hipocresía: quieren que los pobres sean menos pobres, pero más quieren que no dejen de serlo. Quieren que los pobres agradezcan ser menos pobres, pero que nunca coman en los restaurantes que ellos frecuentan, ni vacacionen en las playas que ellos fatigan. Al progre, el gorilismo le asoma en sus buenas intenciones, que incluyen casi siempre subestimar los deseos y realidades de la negrada.

Que la pobreza estructural exceda a este gobierno no implica atenuar la responsabilidad política. La Negra Camaño señala una cuestión social actual: antes no vivían ancianos en las villas, ahora sí. Antes, la villa era una estadía transitoria en la vida del pobre de la cual, a los tumbos, se salía. Antes no te morías en la villa, ahora sí. Quiere decir que antes con un laburo y después de algunas décadas de rotura de culo, te podías comprar un terrenito y ladrillos, y vivías tu edad madura (la del ocio y el descanso) fuera de la villa, en una casita. Ahora con un laburo o un plan comés, pero no salís. La dignidad es una compleja subjetividad que no se construye con la automática entrega de algunos pesitos.

Moyano anticipa el rol político que le tocará jugar en el nuevo escenario. Acá hay un tema que después de 2011 va a pesar: el kirchnerismo se va a ir con dos períodos presidenciales sin recibir paros generales, y esto es un producto concreto de la política laboral que cualquiera que venga deberá como mínimo, garantizar. Moyano está perfectamente esclarecido respecto de que lo que le toca defender son hechos concretos, paritarias, convenios, derechos y no a una figura política. Por eso habla tan poco de Kirchner en la entrevista: el futuro llegó hace rato, y no tiene a NK en el titulo estelar de la marquesina. En política, aunque no guste, hay que acostumbrarse a la realidad para adaptarse y operar sobre ella.

Y yo creo que todavía hay mucha militancia peronista (los más jóvenes que entraron con Kirchner) que tendrá que matar a Néstor. Matar al padre político para poder seguir. El peronismo defiende logros, no personalismos. Defiende hechos que son del pueblo, no caprichos individuales. Porque yo veo muchas personas que apoyan a este gobierno, pero que piensan que Néstor es imprescindible. Piensan más en la iconicidad de Néstor, están más preocupados por que un flaco de la jotapé siga siendo presidente (uno de los nuestros, je) y no piensan tanto en los modos y formas de organización política que se necesitan para defender logros concretos que ya no tienen autor intelectual, porque la sociedad los adoptó. Los más soberbios deberán meterse un poquito en el culo ese constante “Kirchner lo hizo” con el que aturden a los sectores populares (“este boleto tiene subsidio del Estado Nacional”) que en realidad saben perfectamente qué se hizo y qué no: si decimos que Lupín es imprescindible, se lo hacemos creer a él y subestimamos otra vez al pueblo. Y si el pueblo no cree que Kirchner es Dios ni Perón ¿por qué habríamos de creerlo nosotros? En todo caso, la imprescindibilidad de NK la determinarán los que gobiernen después de Cristina.

A los peronistas de a pie no nos debería desvelar el destino de Kirchner, si se va a un café literario, si se pone a levantar hoteles, si se separa de Cristina, si termina en Sierra Chica, si se va a jugar al ajedrez a El Calafate, si preside Unasur o si no le sube el agua al tanque. Porque los peronistas vamos a estar preocupados por defender hechos, y que no se vuelen las chapas del rancho. No va a haber tiempo para pensar en Kirchner. Una de las cualidades  de la política real es que te obliga a olvidar rápido, porque ya estás pensando en conseguir el ungüento para aliviar las nuevas heridas sociales; como dice La Negra, en cada bandazo de la economía se queda más gente afuera, y más vale decirlo antes de que el bandazo llegue. El Negro también amenaza antes de que el latigazo llegue, porque no serán, llegado el caso, Kirchner, Reutemann, Solanas, Alfonsín, Sabbatella, De Narváez o Cobos quiénes instalen el hospital de campaña para atender a los heridos.

Eliminemos confusiones: los reparos hacia la figura de Kirchner y las corrientes críticas que se visualizan en la sociedad y en gran parte de la militancia peronista no implican una impugnación a los resultados de gestión. Hay compañeros que se confunden, que mezclan a NK-figura política con la gestión. Cuando Balestrini declara que Massa es menemista porque veranea en Pinamar, se equivoca. Hace valoración digna de un amateur como Claudio Lozano. Es el exceso de ideologización, diría La Negra Camaño.

Balestra se tiene que relajar (porque acá va a haber un interna, y cuantos más haya, mejor: Massa, Bruera, el Colo, Felipe, Duhalde, La Negra) y ejercer con perfil propio la jefatura del PJPBA: porque él sabe que Camioneros tiene un hotel en Pinamar. Y el pueblo quiere ser camionero: quiere veranear en Pinamar.

sábado, 23 de enero de 2010

Para Todos Aquellos que Saben lo que es el Rock


La espera se amenizó con un filoso “borom bón bón, borom bón bón, el que no salta es un stone”. Niños con remeras de Kill´em All, tullidos en silla de ruedas conducidas por jugosas adolescentes vestidas de negro, como la novia asesina de Truffaut (que Tarantino supo copiar), metaleros curtidos en mil batallas oriundos de los sepulcrales Claypole, Loma Verde y Catán paseaban su mansedumbre aguardando que el cántaro se quebrase con la distorsión emanada del primer riff de la guitarra de Hetfield.

Era todavía de día, y la siesta a la que nos sometían los teloneros argentinos nos hizo reflexionar por infinita ocasión acerca de los cada vez más profundos abismos de calidad musical que separan al decadente y cuadradito rock nacional de las bandas extranjeras. Quiénes hayan visto en vivo a Faith No More, Franz Ferdinand, los Artic Monkeys, Depeche Mode o AC/DC sabrán a lo que me refiero.

Cuando la noche es larga y la impaciencia se acoraza sobre la multitud, las pantallas se encienden para escuchar la fanfarria machacante de Morricone y ver la corrida desenfrenada de Eli Wallach por el cementerio creado por Sergio Leone (al que Tarantino le copió todo). Arranque infernal con Creeping Death que se anuda a Ride the Lightning para confirmar que la banda está ajustada, con ganas de tocar, y que el sonido es demoledor. Somos testigos también de que con Bob Trujillo en el bajo, Metallica gana solidez, calidad y variaciones en la pared de sonido que construye con Lars Ulrich para respaldar a las violas. Jason Newsted era pura garra y carisma, pero los dedos de Trujillo vuelan sobre las cuerdas y moldean el instrumento a cada paso, y lo ponen más cerca del recuerdo de Cliff Burton.

Con Fuel se precipita un mayor descontrol juvenil, se trata de un roquito duro de los pocos que se salvó de las etapas de Load (1996) y Reload (1997) que amerita acelerar la transpiración en los saltos acompasados de la masa. El bombo de la batería de Ulrich desacomoda las vísceras y las violas de Hammett y Hetfield apoyadas en el rítmico machaque del doble bombo nos hacen sentir en la más completa vibración corporal de qué se trata aquello que llaman rock pesado.

Más allá de odiosos ghettos musicales, Metallica ha dejado un surco irreversible en el rock al establecer una particular forma de concebir que tipo de rock duro hacer (o dicho más groseramente, cómo sonar más pesado dentro de los pesados y a la vez proponer una calidad compositiva superior al resto) sin estancarse en la serialidad trash de Ántrax, Slayer o Sepultura. En ese sentido, no es menor rastrear las escuchas discográficas originarias de los Metallica, que abrevaron en las aguas de cierto tipo de punk (Last Caress y So What? son ejemplos a mano) sin dejar de declarar su filiación clásica anclada en Deep Purple, Black Sabbath y luego Mercyful Fate, entre otros yacimientos del hardrock. Del rock a secas.

Lo que es Metallica hoy: una banda de rock a secas, que debe ser tolerada por elites musicales tipo Coldplay, y que después de tener que compartir escena con los noisy boys en el programa de Jools Holland, flashean.

La seguidilla de temas de Death Magnetic da el bálsamo del respiro. Canciones de siete minutos con extensos pasajes instrumentales y violentas variaciones rítmicas (la marca de King Diamond) que permiten apreciar la ductilidad de la banda y recuperar el aliento. Sad But True reaviva el fuego, pero antes estuvieron Fade to Black y One, con el austero y melodioso complemento de las dos violas. Estas tres canciones, junto con la colosal versión de Nothing Else Matters, fueron sensiblemente superiores a las escuchadas en 1993 (la entrada a $ 30, Menem lo hizo): Metallica cosechó aplomo y millaje sin resignar potencia. A lo sumo, si tienen que tocar en televisión bajan un poquito la distorsión e ingresan en el mundo de la civilidad musical.

Un playlist, el de ayer, hecho a la medida del conocedor longevo de la banda, con menos hits de los esperados pero más canciones insignia asociadas a la estructura profunda de lo que Metallica construyó en el acaudalado archipiélago del rock: así lo aseveran esos dolores de ojete (y de cabeza para los imprevistos), esos dos estiletes de sonido amoral que son Battery y Fight Fire with Fire. ¿Quieren algo más rápido” tiró un locuaz Hetfield antes de entregar quizás los dos temas más asfixiantemente pesados que Metallica puede ostentar, con un Kirk Hammett austero y exquisito que se subordina a los intereses del grupo, pero que cuando tiene que pelar el solo de viola, lo hace como los dioses, y en estos dos temas, más. Canciones que la pendejada más neófita y entusiasta que inundó River desconocía: hubo vida antes del albúm negro.

El clímax fue Master of Puppets con ese puente melódico que tejen las violas de Hetfield y hammett, esa cadencia de guitarras de punteo gemelo que coreó todo el estadio. Quizás sean, los ocho minutos y pico de Master… (esas varias canciones dentro de una canción) el compendio de todo lo que musicalmente fue, es y será Metallica. Enter Sandman nos obligó a aguantar los trapos para no ser devorados por las fauces volcánicas del mosh. Stone Cold Crazy ya es de Metallica más que de Queen y el cierre con Seek and Destroy, la coda inexorable para un concierto letal.

Pequeñas bajas: el volumen de la guitarra de Hammett pedía estar más adelante y faltó una tríada indispensable (que sí estuvo en la gema de 1993): Welcome Home (sanitarium), Whiplash y Wherever I May Roam no pueden ausentarse nunca.

Los cursillistas del vinilo suelen decir que el rock murió en 1974. Aunque conceptualmente lo compartamos (a eso se refiere esa gran película que es School of Rock, que termina con los pibitos zapando It's a Long Way to the Top), Metallica ayer y AC/DC hace un mes y monedas nos invitan a creer en severas excepciones de hierro. Es sólo rock, pero nos gusta.


domingo, 17 de enero de 2010

Música Ligera en Píxeles

Me contaba un empresario nacional (un tipo apolítico que supo decirme que Rucci-de no morir- hubiese sido el presidente que la nación necesitaba en aquellos años de oro combatiente) que a pocas horas de recorrer las aceras de Santiago, lo que se nota violentamente en los aromas edilicios y peatonales es el vacío que causa la desigualdad. Chile no tiene clase media.

Chile carece de ese magma societal grasún, mediopelista y consumista que en su “degradación cultural” permite rastrear la existencia pretérita de un Estado Social. Eso que en la Argentina es combustible para flamígeras indignaciones a izquierda y derecha de la pantalla. La república chilena no tiene que soportar ningún litigio social-racial en la disputa por el acceso al consumo de las mercancías. Litigio inexistente  en toda la historia política chilena: el férreo clivaje gauche-droit del sistema político ahogó la utopía popular de la movilidad social ascendente.

Al final del trienio allendista, los pobres terminaron más pobres, horadados por la inflación y el desabastecimiento. La década económica pinochetista disciplinó el comportamiento social del uso del dinero. Y la Concertación, como dice Fogwill, pasó sus días en la celosa custodia del ahorro interno pero no tocó ni por un pelito la distribución (si ésta es la misma crítica que se hace al kirchnerismo, bien cabría preguntarse por qué esos mismos críticos ponderan las “virtudes” del modelo chileno), y fue extremadamente morosa en veinte años, para dejar fluir el derrame.

El estudiantado chileno está sorprendido porque no sabía que la educación universitaria argentina reconocía bolsones de gratuidad bastante decentes. En Chile hay que tener un desempeño casi aristocrático para ingresar a la U .La admirable tradición política de izquierda que se elogia en la esclarecida sociedad chilena es directamente proporcional a las vedas al ascenso social.

Que este pacifico ballotage lo gane la derecha sólo puede escandalizar a los tardíos amanuenses que hacen su agosto redactando salmos desvencijados. Piñera, Frei y el pibe del 20% no pueden probar los abismos políticos que declaman separarlos, y el electorado chileno documenta que eso no es tan grave. Acaso el que menos “sangre real” tenga sea el dueño del Colo-Colo, y por eso lo vote la mitad de una sociedad civil que piensa que no es una tragedia que a la socialista Bachelet le suceda Piñera. Y acaso la otra mitad que vote a Frei lo haga porque de los tres candidatos, sea el portador mas fiel de una biografía adecuadamente estrechada a la política clásica y no a las innovaciones marketineras. Yo votaba a Frei en primera vuelta.

El voto más antipolítico hay que requisarlo en ese 20% que votó al pibe que hizo su educación sentimental (y política) en Francia.

Leyendo el diario más divertido (y entonces, el mejor) de la Argentina me entero que Marco Enríquez Ominami no es de izquierda. A la estadía francesa le siguió una graduación chilena en filosofía, pero Ominami es, laboralmente, productor de televisión y, conyugalmente el marido de Karen Doggenweiler, (algo así como la versión femenina de nuestro Monchi Balestra), conductora del mítico reality show Pelotón Vip.

¿Quién es más berlusconiano, Ominami o Piñera?

Ominami es un recolector transversal sin mayores pretensiones que la de instaurar las claves retóricas de un management político edulcorado, un progresismo de derecha apto para todo público.

Ominami es macrista, es un hijo trasandino del Grupo Sophia, es la crisálida izquierdista de la cultura PRO. Cultura des-política que puede rumbear tanto por derecha como por izquierda. De nueva política, no traen nada.

martes, 12 de enero de 2010

Los Radicales y el Stormy Weather

Los senderos empalagosos de la judicialización  no suelen ser los más gratificantes para la política, ni para la economía. Podemos gastar tardes cenagosas en la revisión de la mensurabilidad jurídica de un puto DNU o en el carácter expeditivo de un choto amparo devenido ordinario (o no), o en ingenierías bicamerales. A la oposición, estas cosas, le gustan. Como le gustó siempre ejercer la autoridad de una gramática: ésa que otorgaba la bendición al pobre que recitaba el Preámbulo de memoria, sin constatar que ese mismo pobre escolarizado constitucionalmente tuviera en la mesa el plato de comida.

Los últimos años alfonsinistas podrían haber sido filmados por Rossellini.

La pregunta que no contesta la oposición es si está bien o no pagar deuda con reservas. No responde políticamente, responde jurídicamente. Entonces no responde.

Porque para cuestionar la medida del gobierno, habría que hacerlo con una propuesta alternativa bajo el brazo. Si las reservas afectadas no fueran a recuperarse con parte del superávit comercial y las retenciones, el dólar se hubiera movido. Por eso insistimos con que la discusión es política, se busca anticipar una coyuntura que sólo vendrá dentro de dos o tres años, y que no tendrá que ver con las reservas o la puta autonomía del BCRA.

¿Cómo hará un gobierno radical de centroizquierda como el de Cobos y el socialismo para sostener la expansión del gasto si el miedo reverencial a la Ley (a no custodiar con celo el salmo kelseniano) le pide “honrar el equilibrio del Estado de Derecho”.

No es ironía, es atenernos a los hechos de nuestra historia política. El miedo a que la guita no les alcance (aunque les alcance) hace que primero corten  el gasto, y después vemos. Lo que les pasó a Alfonsín y De La Rúa, más preocupados por el orden público que por  el orden político de meter comida en las bocas más sucias y negras del confín pre-urbano. Las cajas PAN llegaron cuando sólo quedaba la estela de humo en la calle desierta. De La Rúa se concentró en redactar con la mejor técnica jurídica un soberbio decreto de estado de sitio.

Pero hay un blogger opositor que se dedicó a elaborar una propuesta alternativa al Fondo del Bicentenario (FBC), uno que no habló de presentaciones judiciales.

Y la verdad es que no supera a la propuesta de Cristina.

Brodersohn propone el cambio de Lebacs por Letes, y que el Tesoro se endeude con los privados y no con el BCRA. En esta medida se expresa el karma radical: la pulsión institucional les ordena priorizar la intangibilidad de las reservas, y recién después vemos que joraca pasa con la economía real y el gasto que hay que sostener.

Tácitamente, lo que propone el secretario de hacienda de Alfonsín que nos legó el Plan Primavera, es enfriar la economía para que se salvaguarden las sacrosantas reservas, pero nada nos dice acerca de la caída del consumo por reducción de circulante: Brodersohn quiere que la guita la tenga Cobos dentro de dos años, es una cuestión política.

Es curioso que El Primaveral diga que “ya hay déficit fiscal” y que el gobierno no puede hacerle frente sino mediante “un inminente endeudamiento”, anticipando calamidades que no se reflejan en la realidad económica. Salvo que la molestia política de El Primaveral y Ricardito resida en la decisión kirchnerista de no cortar el gasto público social, y que entonces el pensamiento creativo de ver por qué lado se financia gasto en los próximos cinco años no sólo recaiga sobre este gobierno, sino sobre los que vengan. Y sabemos que los radicales no suelen ser muy creativos: dictan la emergencia económica y cortan el gasto. Brodersohn podría escribir un paper sobre eso.

Es mucho más confiable que sea el BCRA el que compre los dólares y largue letras (operación interna), que el Tesoro venda letras en pesos y con eso compre dólares al BCRA como quieren los radicales. Si entran a jugar tenedores privados, ¿no se presta para que algunos muchachos saquen la tajada financiera de acuerdo a “las expectativas del mercado”?

Los K siguen siendo insuperables en el manejo de la economía con respecto a sus antecesores, y la propuesta radical lo confirma.

sábado, 9 de enero de 2010

1. Y ahora, la parte de la cosecha amarga. El Turco Asís hizo las mejores disecciones de ese universo parasitario (ya casi habituado a la cueva administrativa, al improductivismo político) del kirchnerismo talibán. No peronista, no casualmente. La de la Cancillería de las Regionales sea, acaso, la crónica más desopilante que narra estas conductas que uno tanto conoce. Los que ganaron terreno ideológico cuando el consenso kirchnerista se empezaba a resquebrajar.

Una estrategia bastante ponderada en la conducción política es la paciente espera que acompaña a los actos imperceptibles que se hacen para lograr que un aliado o adversario político realice el acto que uno quiere que haga, pero que ese aliado o adversario cree realizar por libre elección. Desde el florentino para acá, ésta es de manual.

El decreto de Cristina fue una eyaculación precoz. Un fruto de ansiedades y paranoias desancladas de la realidad que se hicieron síntoma a partir de marzo de 2008 y que creció a partir de los días en que el jacobinismo progre se hizo vanguardia ideológica de un gobierno peronista. Desde el día en que Tristán Bauer asumió en la televisión pública y  6,7,8 se erigió en oráculo de las verdades. Nunca llevaron a un peronista a 6,7,8, nunca un Vasco Othacehé.

6,7,8 le hace mucho daño al gobierno. Que la portavoz de ocasión para explicar las causas del decreto haya sido una balbuceante Diana Conti le hace mucho daño al gobierno. (Que de “caprichitos” hay que bancarse, mamita: Clotilde Acosta, Conti, Kunkel, la Segarra.)

Y además, los talibanes cuentan un cuento: que sacar a Redrado es parte “del combate contra la derecha”. Y escuché a un dirigente social hablar de distribuir la renta nacional  con el uso de reservas, y que la carta orgánica del BCRA es una secuela neoliberal.

Mucho verso y desconocimiento, mucha literatura de aventuras para llenar la edición dominical de Miradas al Sur.

El zarandeo retórico que tanto oficialismo como oposición hacen de “la independencia” del BCRA es insustancial, porque Néstor y Cristina lo manejaron a piacere con la carta orgánica neoliberal redactada por Menem hace veinte años. Esto es una cuestión de hecho que se maneja políticamente. El BCRA no necesita más (el rosario opositor) ni menos (el breviario talibán) autonomía.

Los pibes menores de 18 años que andan en cueros y pata por los recovecos de la Itatí,  preguntan: ¿no se podía hacer una paciente espera hasta que el directorio del Banco le rodeara la manzana a Redrado, ir convocando a la bicameral y que los hechos se desenvuelvan de modo más silvestre?

Mentira. Los pibes preguntan por la inflación.

2. El gasto público se va a chocar con los cuellos de botella que habitan la capacidad instalada de la economía argentina en el plano recaudatorio y productivo. Este problema es de vieja data, y el proceso que se inició en 2002 no ha podido desentrañar las respuestas a este problema cíclico que se relaciona con las estructuras de producción y desarrollo y que tiene en su centro conflictivo a la inflación y el ajuste.

Es aventurado pensar que otro proceso político distinto del kirchnerismo hubiera hecho “algo más” dado el escenario de ventajas comparativas y crecimiento. Sobre todo, cuando la premisa analítica continúa siendo analizar al kirchnerismo desde la perspectiva del desfonde social de 2001. Es por eso que el gasto social no puede ser bajado aunque deba serlo. En realidad, el pago de deuda pública con reservas busca desdoblar la caja estatal, y financiar el gasto público que no puede declinar (bajo pena de conflictividad social gruesa) con la guita del presupuesto.

Es decir, el problema es político, porque la necesidad de un ajuste no es prioritaria sino en el caso de que la oposición política considere que este es un tema que va a tener que afrontar si es gobierno  desde 2011.

Sin embargo, ello no nos dispensa de resaltar que el modelo de tipo de cambio alto tiene limitaciones que el gobierno ha decidido no abordar: si la respuesta que escucho de algunos economistas nac&pop ante la pregunta de largo plazo ¿cómo financiar el gasto público? es: “Con una reforma tributaria”, entonces estamos en el horno. Y acá surge un aspecto poco sustentable del modelo: la tremenda presión tributaria que sólo se puede descargar sobre la economía formal, y no por mucho tiempo si la tendencia del gasto es a la suba y sin redireccionamiento que lo estabilice. Volvemos con esto a la famosa épica incumplida: un avance concreto en el blanqueo laboral para ampliar el territorio tributario.

Pero al gobierno le falta voluntad política para ir a fondo con esto porque considera que alcanza con el nivel de blanqueo y sindicalización actual para garantizar la paz social, y la CGT, que debería pedir más, no pide. Desde ya que la reducción de los niveles de informalidad laboral se imbrican con propuestas de inversión productiva. Y si se incentiva la demanda sin blanqueo, la inflación la garpan los pobres, como siempre. Quiero que algún economista me diga cuánto se aguanta esta presión tributaria con el porcentaje de economía en negro que tiene el país, sin agregar las disminuciones que deriven del efecto Olivera-Tanzi.

Para no ajustar, hay que blanquear. Dilema que surgirá estimo, dentro de algunos años, si no es que la oposición pretenda agendarlos para mañana en el insólito rol de partisanos de Redrado: ya lo dijo el Turco, la oposición acopió en su cuerpo el virus de la kirchnerización.

viernes, 8 de enero de 2010

Marquesinas Parpadeantes en el Sunset Boulevard

No sería injusto que a esta altura del campeonato y con la boutade redradista promoviendo un estío violento, Cristina haga un uso político antipático de los derechos adquiridos que ella y el marido tienen sobre la política económica que les es propia. El superávit fiscal es un  “Kirchner lo hizo”  grande como una casa y resulta bastante esquizo escuchar a Solanas y Carrió hablar de la intangibilidad de las benditas reservas como si ellos mismos las hubieran forjado. Lo del ex cineasta ingresa en el desfiladero de lo nefasto cuando en la base de su debacle argumental está la “deuda fraudulenta” como razonamiento paleozoico irreversible. (Solanas es práctico y se ocupa de cavar tumbas “a la izquierda” del kirchnerismo.)

Felipe Solá, un tipo que sabe de política, explicó hace unos días cómo se reparten los derechos intelectuales del modelo económico imperante que comparten Duhalde y Kirchner: en el manejo autónomo de la economía, Kirchner voló más alto.

Ergo, Néstor y Cristina tiene el usufructo del egoísmo político frente al salmo dorado del artículo noveno de la carta orgánica del BCRA. Esto es economía y política, no autarquía e instituciones; en realidad, se trata de un viejo desencuentro gramatical que determinó cada vez con más elocuencia, a medida que la política se caía a pedazos, qué grupos políticos llegaban antes a la comprensión y asunción de las representaciones que son popularmente solicitadas, y qué grupos no.

Redrado es uno más en la fila de los que quieren  llevarse algo de leña del kirchner caído, crear un insólito redradismo de base que crezca desde las cuevas del personal del BCRA hacia la ciudadanía. Un disparo en la noche con el arma descargada. Redrado, esa joya técnica que legó la orfebrería estatal menemista, en vez de presentar una humilde, lisa y llana renuncia, se reunió con la oposición para impostar un poco (como si ocupara un cargo electivo), como para hacer aún más creíble que desde 2004 fue un aplicado alumno de contabilidad kirchnerista que hizo cada uno de los deberes que le encargó el almacenero de Río Gallegos, operaciones, intervenciones y transferencias sobre el mercado de cambios mucho más arriesgadas y temerarias que esta modesta afectación de reservas para garantizar el acceso al crédito internacional que aparece como parada obligada para cualquiera que quiera presidir la nación.

El gobierno necesita guita para afrontar la estrategia política en el terreno económico: la puja de fondo es quiénes y cuándo van a hacer el ajuste que la economía necesita. Porque después de ocho años, hay que ajustar.

Por eso pedíamos un peronismo de derecha, pedíamos un Lole presidente para ayudar a hacer menos cruel la travesía por el desierto, porque hay que ajustar. Por eso Cobos pide, como en los juegos de niños, otra oportunidad, y que no lo espejen en DLR.

El problema es que, después de 2001, no se puede ajustar. El pobre estructural no quiere salir a saquear. El carnicero no quiere que le revienten un comercio que no tiene asegurado. El macizo militante fauno no quiere ser rueda de auxilio. Y el gobierno no quiere cortar el gasto público. Yo creo que si asumimos el grito antiK que dice que NK tiene pocas convicciones, una que sí tiene seguro es la de no cortar el gasto (aunque su direccionamiento esté descalibrado, lo que se discute acá es que haya o no gasto) porque en 2001 más de la mitad de la población estuvo bajo la línea de pobreza. Un drama para la oposición que no quiere estrenarse en 2011 con malas noticias. Porque hay que ajustar.

Kirchner piensa que El Calafate puede ser un sucedáneo de Puerta de Hierro. Yo no sé, pero pido que la mayoría de los altruistas que imperan en las orillas de la política no se frustren porque la discusión posible de la economía esté entre ajustar o no, entre forzar que se haga antes de 2011, o después. Que no se frustren porque no se discute un plan de desarrollo nacional o la planificación agroindustrial. Ningún sector de la política está en condiciones de pujar por algo más que evitar cargar con el muerto del déficit fiscal. Y en este rubro, como dijo el gran cuadro que es Felipe, Kirchner voló más alto.