sábado, 4 de enero de 2014

Peronista es el que gana



“El que se equivoca para atrás muere, y el que se equivoca para adelante tiene el porvenir asegurado”

          Dicho político popular mexicano, acuñado y difundido durante la institucionalización del PRI en la década del ´30.


1. Un consenso democrático que se reafirmó por la autoridad política durante la última crisis terminal que vivió el país: no se permite la injerenciamilitar en los asuntos internos de la nación. Una discusión terminada a fuerza de poder civil y con un oído puesto en el suelo de la representación. Hoy el tema es parcialmente retomado por Cristina por dos razones: la interna palaciega de inteligencia que sufre todo gobierno en declinación hegemónica, y la vandorización (permitida) de las FFSS ante una situación de angostamiento distributivo que desde el Estado cuenta con menos instrumentos políticos de intervención que hace dos años. Pero además el kirchnerismo retoma una idea sepia de la relación entre “ejército y política” que desnuda hasta qué punto ha visto carcomida su sistema de alianzas la coalición FPV en estos años: sangrías políticas, sindicales y empresariales que pretenden ser suplidas tácticamente con el endorsement a Milani y su “fidelidad partidaria”.
Estas “equivocaciones hacia el pasado” están atravesadas por una respuesta que el kirchnerismo no acierta a dar luego del revés electoral de octubre: “¿a quién queremos representar?”


2. No preocupa tanto la situación “ochentista” de la economía como una respuesta ochentista del gobierno sobre la economía. Que no haya otra cosa que una carrera entre lo que se devalúa y lo que se infla y detrás de eso solo medidas más contingentes que hacen evocar lo que muchos economistas ex kirchneristas plantean por estos días: la relación esquiva entre tiempo político y shockeo de la economía, a pesar de la expertise peronista en el manejo del Estado. Capitanich abandonó la retórica de la “etapa de complejidad relativa”, pero además existen otras inconexiones: los planteos que hizo el JGM sobre revisión de las cadenas de valor y estructuras de costos (fases de angostamiento previas al ajuste clásico vía inflación y salario) en un contexto donde las “correcciones” se están haciendo vía devaluación y ya con inercia inflacionaria alta en alimentos y bebidas, evaporan cualquier clima político para hacer aquellas “revisiones” que aparecen sobrepasadas por la economía real, porque aun cuando se hagan “bien”, ya son tardías (la estructura de costos se suele revisar “antes” de que la inflación “empiece”) si antes no se ejecutan pautas para bajar la inflación.


3. Tres consensos de la economía que implícitamente suscriben los políticos que pueden gobernar la Argentina: que hay que tomar deuda, que los dólares de corto plazo los trae la agroindustria y que el tipo de cambio tiene que sostener el mercado interno. Sin embargo, hay matices que pueden afectar el rumbo de la economía: para Scioli, el endeudamiento tiene extrema centralidad política a la hora de incorporar dólares, mientras que para Massa el eje pasa por subir la productividad de las exportaciones agroindustriales. En ese sentido, las discusiones entre producción agroindustrial y sostén del mercado interno aparecen como un problema a dilucidar en lo que queda del gobierno de Cristina y por quién sea su sucesor en 2015. Es evidente que la política del Estado hacia la agroindustria necesita de algo más que la capacidad extractiva de renta: a la falta de dólares se suma la reprimarización forzada del resto de las economías latinoamericanas, la decisión política de China de “crecer menos” por exportaciones para centrarse en el mercado interno y la recuperación fuerte de los chacareros estadounidenses con un agregado de valor altísimo en la cadena agroindustrial yanqui. En suma, un panorama complicado, donde el gobierno argentino deberá extremar el scouting de dólares con alguna propuesta más sofisticada para la agroindustria además de las retenciones si quiere que el circuito económico “derrame” sobre la industria para aliviar una asistencia estatal directa (subsidios) e indirecta (devaluación) que ya no corrige el déficit de competitividad del sector, ocasiona cada vez más problemas en la cuenta fiscal, y acelera la inflación.


4. El otro día charlaba con un comerciante del conurbano sur que me decía entre risas: “le tengo más miedo a los cortes de luz que a los saqueos”. El suelo de la representación en marcha, en un momento en el que la coalición efepeveísta refleja en la interna PJ-UyO un no-lugar de la representación como si se tratara de “nueva representación”; en todo caso, se trata de una representatividad de “lo que queda” en una instancia defensiva, una pulseada por la identidad sobreviviente hacia adentro. La construcción de neorrepresentación siempre se hace hacia afuera de la órganica partidaria y hacia adelante de la agenda.


5. La “amenaza” de Colombi de emitir cuasimonedas viene a templar la índole de la discusión política cruda de acá al 2015. Allí donde el kirchnerismo prefirió pontificar sobre “la negligencia radical” para manejar el Estado, lo que en realidad se ve es la bandera de largada en la puja sorda entre gobernadores y el PEN por la administración del costo político del ajuste ante un hecho concreto: la percepción de una inflación acelerada que ya daña levemente la unidad de cuenta a la hora de fijar precios. El anuncio de Colombi (así como la creación y aumento de tasas de los intendentes) es la forma de presionar para blanquear el origen “nacional” del problema, en condiciones progresivas de inflación que favorecen las capacidades recaudatorias de nación contra provincias y municipios. La potencial emisión de cuasimonedas contraviene esa lógica que pretende el PEN en el prorrateo del costo político: la cuasimoneda “soluciona” en el corto y mediano plazo la ecuación fiscal de las provincias y le carga a la Nación el costo inflacionario. Hay varios gobernadores que, como Colombi, ya orejean las cartas que van a jugar.

La jugada de los intendentes del FR en el conurbano transita la doble vía del blindaje territorial: por un lado anticiparon asistencia a los damnificados por los cortes de luz que empezaron hace un mes por los temporales (agua y grupos electrógenos) y desactivaron la vandorización de “sus” municipales luego del leading case policial dando una bonificación salarial que los intendentes del FPV, lamentablemente, no pudieron dar, para terminar de sellar mejor el riesgo de conflictividad en el conurbano.


6. El haiku mexicano que subtitula se fraguó en los años en que el partido político de la revolución nacional-liberal transfiguraba su nombre y su representación: los pasos que van del maximato callista al cardenismo. Pero que no terminar allí: el problema de la representación seguiría durante la década del ´40. “¿a quien queremos representar?” se preguntaron en cada hora los priístas de esos años. Cada uno pensaba que su representación era “suficiente”.

Hoy en el peronismo sucede algo similar. Hay quienes piensan que con sostener la coalición efepeveísta actual es suficiente. Otros piensan que esa coalición expresa un déficit demasiado alto de representación hacia el futuro, y que hay que articular un nuevo esquema de coalición que interprete las representaciones que vienen. Esta doble mirada atraviesa “institucionalmente” al peronismo realmente existente: la mayoría de los gobernadores adhieren a la primera opción (fruto del defensivismo fiscal, partidario, y electoral), mientras que la mayoría de los intendentes ve como necesario una discusión más profunda de las representaciones políticas que el país necesita. 

Es difícil que estas tensiones se transformen en peleas políticas en este año: todos quieren cruzar el desierto. Pero esta discusión sobre los límites de la representación ya existen: en Catamarca (Corpacci-Jalil), en Mendoza (Pérez-López Puelles), en Tucumán (Alperovich-Amaya), y especialmente en el territorio político que más importa: la Provincia de Buenos Aires.

martes, 10 de diciembre de 2013

Hay unos tipos abajo


Lo que quedó pactado desde 1989 por “la política” del orden democrático fue que “los saqueos” eran sucesos con “doble fondo” interpretativo: lo social y lo penal. Las dos cosas al mismo tiempo. Una cuestión de orden público que necesitaba matizarse con manejo político para inaugurar con solidez la etapa de praxis pura y dura del partido del orden, a cargo del peronismo menemista. Es obvio que las condiciones de ese balance estuvieron en cada caso definidas por el contexto que se atravesaba y de ahí salen las variaciones que existieron entre Menem, DLR, Duhalde y NK. Se supone que el peronismo manejó “mejor” ese balance político entre lo social y lo penal del “hecho” a lo largo de estos treinta años de democracia; por los menos así lo dicen tendencialmente las sucesivas amortizaciones electorales.

Después de administrar el derrame durante ocho años con alzada económica como respaldo, el gobierno tiene que “volver” a combinar fases de angostamiento para producir fases de derrame. O sea tiene que “volver” a hacer algo que nunca hizo, algo para lo cual no reservó una gestualidad política, algo que no estuvo en la “diaria” gubernamental desde que Kirchner decidió pisar el acelerador de crecimiento-consumo en todo tiempo y espacio de su hegemonía. El voto ya ha amortizado esa decisión política de NK, y hace por lo menos dos años que el escenario es otro, como lo acaba de refrendar la jornada electoral de medio termino.

Otro acuerdo “político” que deja el ´89 es que “el saqueo” es una cuestión federal, más por necesidades hegemónicas del partido del orden que por un cálculo partidista de la mesa de arena. Puede haber contenciones parciales municipales o provinciales, pero la resolución política de esta clase de conflictos (social-penal) le corresponde siempre al gobierno federal. No figura en ninguna ley, no está kelsenizado por el orden jurídico: se trata de un consenso político fraguado entre la clase dirigente y la sociedad votante al calor de todos estos años democráticos. El reconocimiento quirúrgico de esa faz política es la diferencia entre quienes ejercen la representación del partido del orden y quienes no.

Por eso llama la atención que el amparo en “lo procedimental” de la ley de seguridad interior haya sobrepasado lo meramente discursivo y que el gobierno nacional lo usara como praxis para no intervenir en Córdoba. En un tuit tempranero narramos la falla política de Capitanich: haber entrado a escena en tiempo y forma permitía dictar el ritmo político de la canalización del conflicto y de la pauta paritaria, además de llenar el vacío dejado por DLS. Esto no sucedió por varias razones: la tensión sorda que pende sobre el abanico decisorio del JGM, porque prevalece la lectura palaciega de la política, porque no se comprende que ante una situación de saqueo lo que primero que valora la sociedad es quién se hace cargo de cerrar conflictividad, y no otra cosa.

La vandorización de las FFSS es un “nuevo problema” que le pone la vara más alta al formato operativo del partido del orden, porque a diferencia de las FFAA, las FFSS no pueden “eliminarse” de la vida civil de una nación: por muy combativo y adolescente que sea, el “filotumberismo” no camina en el lenguaje estatal. Por lo tanto, la anticipación política de la clase dirigente necesita ser más vasta: el saqueo es un hecho social-penal en el que si la autoridad política se inclina demasiado por uno u otro aspecto, deja desguarnecida su condición innegociable de partido del orden. Hoy el kirchnerismo tiene problemas crecientes para detectar ese balance político, y gestar una toma de decisiones que no lo disminuya como partido del orden.

Pero hay otro aspecto del vandorismo policial que se yergue sobre “los nuevos problemas” que deja el kirchnerismo como administrador del derrame: una redistribución “no remunerativa” del ingreso que en ese mecanismo establecía sus propias limitaciones a futuro. La llegada de la inflación no solo deterioró el poder adquisitivo, sino que ahondó en la mirada del asalariado lo demasiado que hay de “no remunerativo” en el recibo de sueldo. En ese sentido, así como no ha podido avanzar en el blanqueo laboral, el gobierno tampoco pudo pasar porcentajes de suma no remunerativa al salario salvo en algunos convenios de la aristocracia obrera.


En el esquema de poder del peronismo realmente existente, la proliferación de saqueos y  el déficit de contención (los muertos) deja aún más dañada la figura de los gobernadores, y empieza a instalar en las mesas políticas algo que se esperaba discutir recién a fines de 2014: de que manera se van a estructurar las nuevas representaciones que va a reclamar la sociedad para el futuro, y como se van a modificar las expectativas de rupturas y continuidades con respecto a lo que efectivamente deje el orden kirchnerista.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Por un puñado de dólares


En el discurso de Capitanich el angostamiento distributivo recibe una calificación aún más delicadamente ambigua: etapa de complejidad relativa. En la agenda del JGM resuena la problemática corriente del río que fluyó durante dos años: el Partido del Orden errando voluntaria e increíblemente en toda su política macroeconómica. Esa huella doliente atraviesa como un trauma la neoagenda coquista: debemos ser, al menos escenograficamente, todo lo contrario de lo que fueron esos dos años. Lo que la sociedad le facturó en votos al partido del orden fue algo bastante más concreto que un “problema de comunicación” o un “relato”; en el sentido común de los que votamos a Cristina en 2011 había un llamado más o menos básico: ordename la economía, me voy a bancar que vos me ordenes la economía. Sin embargo, no hubo sensibilidad política para esta lectura, se privilegió una mirada believer de la hegemonía, el “tiempo” pasó, pero el “tiempo” es demasiado en política para dejarlo pasar.

Capitanich, back to the future, viaja a diciembre de 2011 para tratar de rescatar la agenda interdicta en esos días por el propio partido del orden. La amortización electoral del 27/10 dejó anclado aquel grave error político y marca la lógica defensivista que despliega el JGM: cerrar el frente externo para salir a tomar deuda era “casi lo único” que se podía hacer para salir en el corto plazo a parar la sangría de reservas y tirar un par de señales para ver si se achica un poco la brecha cambiaria. 

Después de todo eso, vendrá una discusión más árida: cuantos dólares tomás, para que los usás, qué lugar ocupa el endeudamiento en el proceso económico y para hacer cuántas cosas te alcanza esa guita. Aún cuando esta cuestión sea prioritaria, es menos central para la economía que el problema inflacionario. Capitanich tiene una misión de “resultados”, y el “manejo” de “la complejidad relativa” va a mostrar  su pulso profesional cuando se afronte la pauta para bajar la inflación. En la Argentina la discusión política de la inflación siempre se vio distorsionada y empobrecida por las resoluciones fallidas historicas del vaivén tenso entre tipo de cambio y mercado interno. Un desafió para el partido del orden entrante en 2015 es atenuar el dramatismo de esa discusión, si las condiciones de llegada son con una caja en dólares razonable; Capitanich sabe que todavía existe el “riesgo” de que la lectura política dificulte la resolución económica de este problema, por eso pidió licencia como gobernador y no renunció al cargo, dejando latente la condición del repliegue sobre el subsistema peronista. 

Otro rasgo todavía no abarcado es cómo se van a redefinir las relaciones entre consumo, inversión y exportaciones: si esta ecuación no tiene un impacto relevante sobre la economía real para 2015, las perspectivas políticas de una continuidad de la coalición gobernante como partido del orden se verán disminuidas aún contra la merma de votos del 27/10; en la raíz de esta preocupación íntima radica el “ninguneo” a Massa de la víspera por parte del efepeveísmo en deconstrucción, lo que documenta que en términos estrictamente políticos también continúa la lógica defensivista, porque el oficialismo comprueba que el saldo electoral además de la pérdida de votos deja un daño de la representación más difícil de recomponer que la economía, ya que no termina de haber un correlato estricto entre ambos campos.

Si el triunfo de Massa en la PBA fue el anticuerpo correccional emanado del propio subsistema peronista ante el fracaso administrativo del partido del orden, la aparición de Capitanich en la co-conducción gestiva del gobierno federal es la recepción táctica que la constelación de fracciones del subsistema presenta ante el hecho electoral, y que tiene una conclusión política concreta: el kirchnerismo dejó de ser la corriente hegemónica del peronismo a partir del 27/10. Aunque los intelectuales kirchneristas se afanen en presentar al fpv como un bloque monolítico (“el kirchnerismo”), la realidad empieza a mostrar que la coalición oficialista inicia un proceso de confederalización táctica bastante pragmático, influido por “el incordio sucesorio” y las distintas realidades regionales e institucionales del peronismo realmente existente.

En ese sentido, es un error decir que Capitanich es la voz de la liga de gobernadores; en todo caso representa a un sector de gobernadores que tienen distintas realidades e intereses en los marcos coparticipables: está bastante claro que NOA-NEA tiene “problemas internos” a resolver, que la Región Centro tiene otros intereses y que los patagónicos están jugando otro partido. Agruparlos para pasar el angostamiento distributivo es una cosa muy distinta que sostenerlos a la hora de construir representación;  esto es algo que Capitanich sabe al jugarse un pleno, pero que también saben Urribarri, Scioli y fundamentalmente, Massa.

Lo que también saben todos estos tipos es que vamos camino a un escenario de ballotage para 2015. Por lo tanto, el problema de la representación hacia el interior de las candidaturas panperonistas asume una dinámica política un poco diferente a raíz del achicamiento relativo del “tercio” no peronista. Como Massa ya hizo su jugada, la salida a la cancha de Capitanich y Urribarri le trae problemas potenciales a Scioli, ya que no vamos a estar en presencia de una disputa clásica del llamado voto peronista. 

Hay que agregar a esto que tanto Menem como Kirchner construyeron un modelo de coalición “novedoso” para ajustar representación; ése es el déficit parcial de Capitanich, Scioli o Urribarri contra Massa: al menos embrionariamente, el FR es una opción peronista que al tener de principal aliado a un radicalismo gestivo que integró y sobrevivió a la coalición kirchnerista, en los hechos funge como partido del orden distrital y electoralmente no tiene necesidad de hablarle a “su sector social” leyendo los salmos del breviario republicanista, ni tampoco existen los “límites de construcción política” inherentes al progresismo partidario que el kirchnerismo sufrió durante su hegemonía. Ese corrimiento de “los tercios” electorales explica la confederalización del fpv y la incertidumbre sobre “la forma” de salir a cazar votos en la primera vuelta cuando en la pieza del fondo te espera el ballotage, pasando a retiro la “teoría del 40%”.

Si la llegada de Capitanich a la JGM y Fábrega al BCRA permiten a priori incorporar una visión macroeconómica que entre 2011-2013 no existió, el dilema de la tensión sorda no está del todo disuelto: saber demarcar “hasta donde llegar” con las medidas económicas que se tomen mas allá de la decisión política de Cristina definirá el éxito o el fracaso del angostamiento distributivo. Porque lo que todavía no sabemos es si Cristina abre la cancha definitivamente, o se mantiene en una hibernación táctica hasta que aclare (algo bastante lógico cuando todavía está fresco el alto reflujo de votos del 27/10).


PS: Si bien por Guitarra Trasnochada, creemos que es por esta cuequita chapaca (chaqueña) que el gran Arsenio Aguirre se ganó el cielo de la música argentina. En esta versión se ve la organización detallada de la interpretación, que arranca con el punteo del enorme Chato Bazán, sigue con la combinación policlasista de “palanganas” y “violineros” que fortifican al violín salteño, y se inaugura vocalmente con la frondosidad a contrapunto de Soledad y El Chaqueño, para respaldarse luego en la polifonía de Los Nocheros que recuerda mucho a las innovaciones y el poderío vocal de Los Nombradores. A pesar de ser parte central del cancionero y las peñas de Salta, esta cueca llegó a las peñas de la provincia de Buenos Aires, donde es muy tocada al modo de la zamba sureña bonaerense, con dos guitarras criollas solas, una que lleva y bordonea, la otra que primerea y puntea. Dedicamos esta cuequita para que la baile con el pañuelo en alto y alegría la militancia kirchnerista no rentada que, seguramente, todavía existe.


miércoles, 13 de noviembre de 2013

"Barones", "Blancos" y la larga marcha hacia 2015


“Yo tengo una forma particular de hacer política que me costó enfrentarme con los punteros. Trabajé mucho con los miembros de las ONGs en las elecciones para tener nuestros propios fiscales y eso me costó otro enfrentamiento con los punteros. Las aspiraciones y el sueño de abandonar las prácticas informales son la línea que separa al puntero del vecino común de un mismo barrio. Las políticas estatales eficaces permiten fortalecer a ese vecino común y disminuir la incidencia de las intermediaciones.”

Fernando Gray, intendente de Esteban Echeverría. Reelegido en 2011 con el 63,26% de los votos distritales validamente emitidos.


“El puntero político hoy no es el de antes, que tenía el control de un territorio. Ahora está todo más mezclado, hay más organizaciones, hay más llegada directa del estado, los punteros han  perdido peso político.”

Darío Giustozzi, intendente de Alte. Brown en Animales Sueltos, 3-10-13. Reelegido en 2011 con el 71,88% de los votos distritales validamente emitidos.

Lo que no significa que “prescindan” de los servicios de la intermediación, solo que conciben que ahí no está el “centro de gravedad” de la construcción de la representación peronista. Es decir, que no está en el mecanismo, pero sí en las bases votantes. Quizás la grieta entre los “barones” y los “blancos” de la camada ´07 (que se verifica claramente en los esquemas de gestión y de acercamiento a la cuestión partidaria) esté en la significación política que le dan a los mecanismos de intermediación y a los mecanismos de representación.

Para los “blancos”, son dos cosas distintas. Para los “barones”, esa distinción no lo es tanto. Para los “blancos”, la “fundacionalidad” de su propia gestión “incide en/ y modifica” la relación entre intermediación y representación, la hace menos lineal en términos “clasistas”, las demandas se amplifican y se ambigua el anclaje de clase. Los “barones” encajonan la demanda sobre los límites de su electorado “natural”, son supresores de conflictividad básica antes que rastreadores de neoagenda. Los “blancos” tienen la vocación de ampliar el campo electoral y son supresores de conflictividad allende el 30% nuclear. Si ya fue bastante explorada la hermenéutica “lumpen” que tendrá que transitar el panperonismo fpv-fr, lo que todavía no fue señalado es donde se hace el corte electoral y qué tan útil es hacerlo si de lo que se trata es de una sucesión que, con cualquier nombre propio, debe re-construir una hegemonía; en este sentido, la doble vía electorabilidad-territorialidad cobra una importancia más relevante que en otros ciclos que cerraron con crisis terminal.

Un dato tampoco analizado es cómo el FR suprimió conflictividad en el 1º cordón  en los tramos de clase media y media baja + aristocracia obrera para encauzar la demanda originada en las dificultades que exhibe el FPV como Partido del Orden nacional y provincial para conducir el angostamiento distributivo desde hace dos años: pero si hacemos un blow up sobre “sectores populares” (en la precisión y ambigüedad territorial del voto), se verifica en qué medida la inserción del FR sorprendió a los “blancos” efepeveistas de la 3ª.

Un análisis somero de la cartografía electoral en el GBA deja a la vista de que manera se produce la expansión del voto panperonista y los lugares ríspidos de disputa entre las herramientas FPV-FR, básicamente en la Tercera. En Lomas de Zamora el dato que preocupó a MI (y varios territoriales) fue la disminución residual contra las PASO en el circuito 583 (Cuartel IX duro) donde se esperaba un aumento residual alto (arriba del 7%) y donde hubo un crecimiento del FR (40% contra PASO) que fue superior al 20% que estimaban en el oficialismo distrital. La misma situación se verificó en el circ. 587 (mitad Cuartel IX y Lomas urbano periférico) y 590A (San José), ambos con una distancia de votos visiblemente menor. Más allá de la foto electoral y de los matices socioeconómicos entre estos tres circuitos históricamente peronistas integrantes del 30 %,  lo se ve es la potencialidad expansiva de la disputa del FR en un territorio que no es, claramente, de sectores medios. Similar situación se produce en Alte. Brown (pero al revés) con el FR blindando Claypole y Don Orione.

Lanús: FR ganó en Caraza-Diamante y el FPV en Chingolo, dos zonas equivalentes que fueron bastión histórico de los votos manolistas. Una distribución idéntica de votos se ve entre Libertad, Pontevedra y M. Acosta en Merlo.

En Avellaneda se ve la puja sobre circuitos homogéneos: Sarandí (FR), Dominico (FPV) y Wilde (FR), y el crecimiento idéntico en % de votos de ambas herramientas electorales contra PASO en Dock Sud (FPV).

La certeza idiosincrásica de los “blancos” del fpv es que el terreno de la disputa es demasiado policlasista como para “cerrar la estrategia”; en el FR esto fue comprendido mucho antes, cuando Massa  y sus intendentes armaron la herramienta electoral para acelerar un debate que es transversal al subsistema peronista: todos son conscientes de que la clase media de Dominico, Valentín Alsina y San Justo y el pobrerío de El Olimpo, Cuartel V y  Las Tunas no leen a JMS, Pagni, MW o HV.

La pregunta que fluye detrás de estas variaciones de la praxis peronista es: ¿Dónde estará el centro de gravedad de la representación mayoritaria con rumbo a 2015? En lo que parecen coincidir los intendentes del FR y los “blancos” del FPV (por afinidades de crianza política) es que esa definición la da una agenda de gestión propia. Para eso se requiere un esquema de financiamiento que el FR ya tiene definido, y que los del FPV tendrán como contingencia a resolver cuando desde planificación federal les digan que se cortó definitivamente la obra pública.


La dinámica del GBA obliga a pensar, también, por fuera de la trayectoria electoral que deja este turno: es lógico que el FPV interprete el 33 % nacional y el 32 provincial como un piso, pero desde una perspectiva de gestión que tiene que pilotear un angostamiento y no un derrame y que en dos años le pasó el costo a la clase media baja y la aristocracia obrera sin escalas, las chances de que ese 32% sea disputado por el FR crecerán irreversiblemente. En ese muy probable escenario de pelea por el voto proletario, quienes “sumen” la mejor tajada de “sectores medios” no ilustrados periféricos estarán más cerca del 40%. Si el territorio está en el centro de la representación, la electorabilidad (un fenómeno estrictamente peronista que dejó la renovación y que incorporaron para sí Menem, NK y Cristina, como explicamos acá) también siembra la semilla del poder.

lunes, 28 de octubre de 2013

Impacto



A pesar del designio que prefiere Pagni para Massa, lo que transcurrirá como política silenciosa en estos dos años es la disputa de ese 30%. Que se entienda bien: se tratará de una disputa graduada de la representación arriba, mientras en el efectivo territorio se producirán otras combinaciones político-partidarias de esa misma disputa. ¿Derecha o izquierda del peronismo? Pregunta inconducente. A esta disputa, el oficialismo derrotado le quiere poner fecha cierta, condiciones. Pero lo realmente cierto es que Massa acaba de vivir dos situaciones electorales (las PASO y la general) que cierran, por un tiempo y de cara a las preferencias sociales, cualquier medición de la correlación de fuerzas. Que la cosa fermente en el territorio, y después se verá.

En un tuit lejano, contemporáneo a las PASO, dijimos como al pasar: Massa asumió la representación de la clase media baja bonaerense. Hijos silvestres del derrame kirchnerista pero impugnados ideológicamente por sus padres políticos (oh, la docencia), encontraron en Massa al padre adoptivo que los comprendió sin culpas al compatibilizar en su figura la relación desdramatizada entre Estado y movilidad social ascendente. Una relación que el kirchnerismo había llevado a un nivel de dramaticidad jauretcheana inadmisible como consecuencia de su impericia administrativa para afrontar el angostamiento distributivo.

Clase media baja que transita la bocacalle a la intemperie de la informalidad y el sector privado, ese lado no estatal de la vida que está tan lejos de las paritarias como de los planes sociales, pero demasiado cerca de la inflación y la presión fiscal: de perder en el bolsillo. Clase media baja que tampoco manifestó ardorosas afinidades con las marchas del 8N, clase media baja que no es del todo 1º cordón, ni del todo 2º cordón. Clase media baja que no se siente cultualmente (sí, sin r) peronista pero que no tiene problemas para votar al peronismo. Massa está comprometido políticamente en esa disputa, aunque a Pagni no le guste, aunque al Grupo Clarín no le guste.

La lectura más precisa del triunfo de Massa es unilateral y minimalista: pasó el tamiz electoral del 40% del padrón nacional que necesitaba para instalarse en la discusión sucesoria del 2015. Casi 4 millones de votos como documentación respaldatoria para facilitar las condiciones de la puja en relación a la sociedad y no tanto a la rosca política.

Consciente de que la supervivencia política de dos años no se juega en el terreno legislativo, Massa prepara una estrategia novedosa: será formalmente legislador pero seguirá siendo, de facto, el intendente de Tigre, y le prestará central importancia al trabajo político en la Legislatura bonaerense sincronizado con la gestión territorial. Si el FR se configuró políticamente como una liga de intendentes, desde lo institucional lo hizo como una confederación de distritos que ya comenzó a desplegar esquemas de financiamiento autónomos  y programas de gestión conjuntos que coinciden con reclamos no satisfechos por los gobiernos nacional y provincial: asistencia social-sanitaria para niños, infraestructura educativa y seguridad pública.

Pero el armado confederado no tiene eje “partidario”: Massa incluirá en el esquema a todos aquellos intendentes que quieran integrarse al “estado paralelo” sin pedirles que firmen la ficha del FR. Las ventajas comparativas: mejorar el ida y vuelta electorabilidad-territorio por sobre el núcleo duro del 30% que muchos intendentes necesitarán para sostener gobernabilidad hacia 2015, y una agenda fiscal compartida mejor negociada por la vía del bloque legislativo. Cuando un intendente encuentra una mejor ecuación equilibrada entre política y gestión que lo resguarda de las contingencias nacionales y provinciales, es difícil que la cambie por otra. Como dijo Cariglino, +a te da esos “puntitos de más” que traen tranquilidad.

Esta estrategia combinada de Massa tiene correlato en sus primeros pasos poselectorales: el tigrense saldrá a aceitar los vínculos con intendentes de varias provincias haciendo eje en iniciativas de gestión que, subsidiariamente, abarcará un temario fiscal compartido sobre la lógica de la distribución de recursos provinciales y nacionales. Estos intendentes ven reflejadas en Massa las posibilidades de actualizar la correlación de fuerzas frente a los gobernadores en sus propias provincias. Pero contrariamente a lo que podría pensarse, esa agenda fiscal compartida por Massa y los intendentes no se limita a la Región Centro, ni incluye solo a intendentes.

Un dato concreto: los corcoveos y disidencias para aprobar las leyes de emergencia económica e impuesto al cheque provinieron primordialmente de los oficialismos provinciales del NOA-NEA, básicamente de aquellas provincias con más bajo presupuesto y gasto per capita. Son las provincias que Massa va a empezar a caminar.

lunes, 21 de octubre de 2013

Planes de estabilización


Las tendencias electorales que se confirmarían el 27/10 abren una etapa política que suelda algunas amortizaciones, rechaza varias inauguraciones del bienio y boceta los ingredientes básicos para un nuevo consenso. Se completa el “pago” de la AUH. Cesa aquel aspecto de la hegemonía propiamente cristinista que sustentó la macroeconomía en el cepo cambiario y el goteo devaluatorio como políticas unilaterales para amortiguar el stop and go sobre la economía real. Aparece una insinuación social que pide una performance estatal más ambiciosa para afrontar el angostamiento distributivo.

Si el gobierno decidió ir a rebuscar los papeles que dejó el acervo massista de la JGM 2008-2009 (pactar con el CIADI, liberar crédito, cerrar el canje de deuda) es porque no hay tanto margen para sostener los criterios intransigentes para concebir estatalmente la idea de desendeudamiento cuando la continuidad de estos pagos, ahora reflejados en el cupón PBI, no están ya vinculados sólo a procesos económicos ajenos a la década kirchnerista. La negociación social de la “sintonía fina” tiene un primer requisito: se le pide al Partido del Orden que no pendule. No es sólo el pedido de la casta política de gobernadores e intendentes, sino del electorado. Massa emerge electoralmente como conciencia social de ese reclamo. Scioli pretende encarnarlo linealmente desde el PJ, de una manera similar a la de Duhalde en 1999. Cristina asumirá parte de ese pedido si quiere incidir (positivamente) en la sucesión.

Una particularidad de la campaña electoral fue que la discusión económica transitó por caminos muy distantes de los del votante, más allá de la tangibilidad del diagnóstico. Si está claro que la sociedad no quiere volver a sufrir un manejo pendular de la intervención (y omisión) del Estado en la economía porque no hay una crisis que lo admita desde lo político, lo que todavía no alcanza a definir con naturalidad la clase política es la amplitud de temas que sí pueden ser discutidos dentro de un margen que tenga como objetivo la preservación de la estabilidad económica. Si la gestión económica no requiere de ninguna pendularidad, los discursos que se estructuran alrededor de ella parece que sí la requieren, especialmente los que monta el gobierno con lógicos fines de supervivencia, pero que al no reflejar la realidad de todas las posibilidades económicas que la sociedad permite discutir, termina en el descrédito y perjudicando al equipo económico del gobierno. Por lo tanto, es probable que el kirchnerismo continúe hablando del lobby devaluador pero mantenga la devaluación al 30, que hable de vivir con lo nuestro pero abra vías de negociación para tomar crédito externo (toda vez que la combinación con toma de deuda intrapública reduce su margen de fondeo y no alcanza para cubrir la escasez de dólares), que hable de metas de crecimiento pero siga moviendo la tasa de interés para entibiar un poco la cosa.

¿Alcanza con eso? El gobierno podrá pensar que sí, pero lo que reflejan estas elecciones es ese telegrama íntimo que el electorado le envía a Cristina, casi con una evocación menemista: si nos contabas que ibas a tomar estas medidas, no te habríamos votado. La relatividad del 54% (o de cualquier legitimación) es un rasgo de la democracia que la llamada generación intermedia entendió como eje central de su praxis política: al desconfiar de bloques ideológicos que suelden los consensos y conflictos de la sociedad, el voto funciona como un legitimador inicial que luego fluctúa en el día a día de la gestión. El voto da menos derechos que obligaciones, y lo sostiene la gestión o no lo sostiene nada. El voto es cuantitativo, la gestión es cualitativa: el teorema de la democracia (pos) moderna.

Después del 27 de octubre empieza esa agenda árida: ¿cómo se discute productividad con un 40% de trabajo en negro? ¿cómo se sostiene mercado interno con productividad de exportaciones cuando hay un giro reprimarizador de la mayoría de las economías latinoamericanas? ¿cómo se aprende a manejar estatalmente la inflación con caja? Que el kirchnerismo no tenga la voluntad discursiva de situar la discusión en esos parámetros no significa que los hechos no se desencadenen. Precisamente a esa cita muda concurre Massa cuando hace suyo al equipo económico de Kirchner: no para volver a un paraíso perdido que la sociedad no está reclamando en su voto, sino para resituar una discusión política que transitó silenciosamente durante la transición duhaldo-kirchnerista en la “interna” del poder: ¿cómo crecer? ¿qué rienda para la inflación? ¿qué ritmo paritario? Kirchner, Lavagna, Moyano ¿se acuerdan? Massa “participa” oblicuamente de ese debate como custodio de la caja de Anses, y paradójicamente Scioli lo mira distanciado desde el destierro en el Senado.

Hoy el contexto es distinto, pero varias de esas preguntas vuelven. Vuelven con independencia de los deseos políticos que Cristina tenga para encarar estos dos años de gobierno. Vuelven casi socialmente para redireccionar la agenda: qué populismo viable para una economía moderada. Gran parte de la semántica económica kirchnerista no llena esa discusión y la praxis de dos años tampoco dio resultados, eso es lo que denuncia el voto. A esa cita muda, pautada por el Partido del Orden, concurren Massa y los intendentes, quieren concurrir Scioli y los gobernadores, e irá (formalmente) Cristina si quiere plantar un candidato. Son las órdenes que dio el voto: no pendulen, pero discutamos todo.

domingo, 6 de octubre de 2013

Bajo el firmamento bonaerense


Algunos nombres para anotar: Martín Llaroyra, Raúl Jalil, Adrián Fuertes, Martín Soria, Omar Perotti, Ricardo Quintela, Carlos López Puelles, Juan José Rainone, Ramón Mestre. No salen en los diarios, no declaran en los medios, no manejan los mismos tiempos políticos que hoy demandan estas elecciones. Pero están atentos a la redistribución política que se produce en la provincia de Buenos Aires: Massa funciona para ellos como un primus inter pares que coloca en una situación optima la discusión del frente fiscal en sus propios territorios; una temática de gestión que, en varios puntos, se une al discurso renovador cuando pasan a hablar de política.

Mientras los gobernadores eligen confluir en lo político-partidario para la foto estática de Matheu 130 (la parrilla herrumbrada que describe con precisión poética Carlos Pagni), existe otra confluencia que ancla transversalmente en la gestión, en las mejores posibilidades que piensan para el circuito de los recursos propios y coparticipados, en la revisión de las alianzas políticas que deja el fin de una etapa hegemónica del peronismo después de la conducción kirchnerista.

El angostamiento distributivo que Nación endosó a las provincias en estos dos años encontró sin reacción a los gobernadores, que no pudieron armar una caja para sostener expectativas políticas: ningún gobernador inauguró obras propias en dos años, por lo tanto menos pudieron provincializar la elección, y cayeron en una merma de votos coincidente con el declive económico provocado por el manejo inconsistente del stop and go por parte de la autoridad económica federal.

Este mismo problema podría aquejar a muchos intendentes que no puedan sostener en el tiempo la administración holgada de sus cuentas, menos por lo que les pueda transferir Nación que por los efectos concretos de la macroeconomía. Lo que hizo Massa, antes que anochezca, fue poner a salvo esa ecuación económico-política que hoy los gobernadores garpan electoralmente (parece que Sergio algo aprendió de Néstor) y que siembra el dilema entre los intendentes efepeveístas que ya sienten en la piel el problema de la agenda y la puesta en superficie, del otro lado del alambre, de una liga de intendentes que ya le empezó a dar cauce político a los mismos problemas que ellos padecen y que tiene en la cúspide la electorabilidad de Massa.

Está claro que el FR es, provincialmente, una liga de intendentes. Pero ¿hay una liga de intendentes del FPV? No, porque no existe una confluencia de gestión que luego muta a política. El agrupamiento municipal del FPV es eminentemente táctico, en defensa de Cristina y Scioli. Podrían tener una agenda propia pero no la tienen, y en esta coyuntura sólo alcanzan a correr desde atrás la programática massista: policía municipal, inflación, presión fiscal a asalariados calificados, descentralización judicial. Saben que esos son los temas, pero además del primereo del FR,  tampoco desarrollaron una mirada propia para pensar soluciones que no estuvieran atadas a la cesión discrecional de fondos de Nación y Provincia; ahora que la espuma baja porque el stop and go llegó para quedarse y el peronismo tiene históricamente pendiente poder armar un populismo módico y solvente sin tasachinismo, los intendentes del FPV no pueden exhibir la gestión como capital político. Ahí es cuando sale a jugar el famoso bonustrackeo del massismo ahora ya en claros términos políticos para construir agenda transversal que no incluye solo al PJ, sino a todos los tipos que tienen algo para gobernar de acá al 2015.

Massa dice: si hemos tenido gestiones exitosas y convalidadas electoralmente que se forjaron desde la asunción de reclamos sociales que estaban fuera de nuestra jurisdicción y sin la correlación de fondos que correspondían, es absolutamente lógico pedir ahora que se nos transfieran las potestades recaudatorias. Si hicimos bien aquello, haremos bien esto. Lo que Kirchner armó por las vías de hecho devidistas improvisadamente y con el teléfono rojo, ahora es un vacío político que Massa quiere llenar por la vía de la institucionalización, basado en la legitimidad popular del bonustrackeo de gestión.

Si Scioli no puede conseguir la cláusula indexada del Fondo del Conurbano, entonces la pedimos nosotros, dice Massa. ¿Qué puede hacer el candidato Insaurralde ante esto? ¿Oponerse? Así como el bonustrackeo de gestión que le permitió al FR ganar se construyó desde la realidad política y no desde la letra de las atribuciones jurídicas, recomponer cualitativamente la caja provincial no tiene nada que ver con lo que hasta hoy entrega Scioli por coparticipación municipal automática invocando atribuciones y leyes impositivas. Lo que le pide la liga de intendentes del FR a Scioli es la expertise política para resolver un problema fiscal estructural que está más allá de las leyes vigentes y más cerca de las necesidades de los bonaerenses. Scioli contesta mostrando la escala de fondos enviados según la ley de coparticipación, bastante influida por la inflación. Son dos discusiones distintas, una más política que la otra. Massa le pide a Scioli que haga política, le pide que represente.

A falta de agenda consistente, Scioli y los intendentes del FPV se recluyen en el PJ, y desde allí se expande el desconcierto de campaña: se menta al “verdadero peronismo”, se hacen spots con la estética de un video para cumpleaños de 15 y casamiento, se considera como acto de campaña ir a la inauguración del emprendimiento textil de Jorge Rial. Una forma muy malentendida del “tenés que parecerte a Massa” que le sugirieron al candidato, una banalización bastante antipolitica que no reconoce bien la diferencia entre forma y contenido, y que no advierte que aunque posmoderna, la política sigue siendo política.

No hay liga de intendentes del FPV porque la unción de Insaurralde no nace de ellos sino de la presidenta. Una derrota del lomense abre la vocación electoral de los demás, que quizás se veían con mejores chances. La visibilización que le queda a Insaurralde después de la elección es relativa, porque así como se sobredimensionó el eventual desconocimiento como déficit de electorabilidad antes de las PASO, ahora lo conoce el 90% del electorado pero no puede sumar, y los intendentes saben que el que salga de ellos tiene que ser un candidato ganador para que puedan pactar por encima del clásico derecho de veto; la resignación defensivista no es compartida por los intendentes massistas, y asoma como el primer problema de cualquier negociación en la cual Massa parece garantizar el logro de esos objetivos (más guita municipal fondeada) por encima de cualquier figura efepeveísta.

Pero la liga de intendentes del FR también construyó representación, leyó la complejidad de los territorios, se expresó a su imagen y semejanza: antes que municipalizar, Massa emprendió una regionalización política, hizo una lectura más integral del conurbano que le permitió ganar tanto en Moreno como en San Isidro, vio mejor la realidad de la Primera Sección Electoral que su oponente la de la Tercera. El conurbano, la composición de los cordones, cambió. Más que realidades municipales, tenemos realidades regionales: hay distritos que son 1º, 2º y 3º cordón a la vez, otros son 2º y 3º, otros son 1º y 3º, y así. El tasachinismo kirchnerista derramó con reparaciones pero desigualmente, y esa nueva realidad debieron gobernar los intendentes. El “conurbano norte rico” y el “conurbano sur pobre” es un mito literario que habrá que desterrar del discurso para que esos territorios puedan ser mejor gobernados. Los bordes del 2º cordón se parecen al 3º que tan bien interpretó Massa: una conjunción compleja de barrios cerrados, countries, parques industriales, barrios abiertos, asentamientos, villitas,  zonas agrícolas intensivas que nuclean a la joven inmigración boliviana y de otros países limítrofes, heterogeneidad social al mango. Tigre, Pilar, Moreno, pero también Ezeiza, Echeverría, Cañuelas, San Vicente, el fondo de Florencio Varela y Berazategui. El mapa del derrame kirchnerista, soja, autos y AUH, la nueva tierra periurbana del 3º cordón (y ya hay un 4º en pañales, porque en las provincias NOA-NEA no hay un mango) donde más dinámica es la actividad económica pos-tasachinista.

Ese caos organizado, que se ve a así mismo policlasista, es el que Massa gobierna y al que le dio una mirada política integrada en la zona norte que ningún intendente del FPV tuvo para la región sur. Un “sur pobre” que ningún intendente gobierna, una Tercera “peronista” cada vez menos homogénea en su identidad política. Mitos. Como la “patria industrial y asalariada” en el país tercerizado del 40% de informalidad laboral.

El derrame kirchnerista trajo más borbotón capitalista. En ese sentido, el conurbano es profundamente kirchnerista, y lo que puede ser paradójico pero no lo es, es que sobre ese territorio de country y villa, de parque industrial y agricultura intensiva, de argentinos y bolitas, de orden, progreso, reparación y desigualdad, Massa construyó una representación política genuina, la de alguien que es de ahí. Blindó la Primera hasta los bordes de la Segunda y la Tercera. 

¿Qué tienen en común los nombres anotados arriba? Son intendentes, casi todos de la región centro, y comparten criterios de gestión muy concretos con Massa. Una agenda fiscal compartida entre la Región Centro y Buenos Aires es algo muy difícil de rechazar a la hora de conformar los equipos para competir en la sucesión del 2015. Si todos los gobernadores le tienen esa misma confianza a su primus inter pares (¿Urribarri? ¿Scioli?), podremos tener una puja sucesoria interesante.